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Memoria

Marcos Peckel
11 de noviembre de 2015 – 05:34 a. m.

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Uno de los desafíos más complejos en una sociedad es la construcción de la memoria histórica como componente esencial de su identidad.

 La memoria colectiva no es la historia sino elementos de esta que a través del tiempo pasan a conformar parte del imaginario común. Mientras que la historia puede ser una descripción seca, acartonada, plena detalles de hechos del pasado, la memoria no se queda en el pasado sino que es traída al presente y al futuro. La memoria histórica es dinámica y se construye a través de poderosos símbolos y representaciones que mantienen su vigencia a pesar del paso del tiempo, especialmente cuando transita de aquellos individuos que vivieron los hechos a generaciones posteriores que los recuerdan como si también los hubiesen vivido.

En las sociedades se da un conflicto político por determinar la memoria, por imponer cierto ethos en la interpretación histórica y por enviar al olvido acontecimientos perjudiciales para aquellos que controlan la memoria en la sociedad.

La memoria hay que construirla y defenderla. A Hitler se le atribuye la frase “¿Quién se acuerda del genocidio armenio?”. ¿Qué tanto el extermino de la población indígena hace parte de la narrativa histórica de los pueblos latinoamericanos? Son memorias que generaciones después de los hechos aun pelean por recuperarse. En Argentina la memoria de las atrocidades de la dictadura se ha afianzado mientras que en Chile hay conflicto de memorias.

La memoria del Holocausto, hoy componente básico del ADN judío se sostiene sobre varios pilares comenzando por la unidad de versión entre víctimas y victimarios, la aceptación por parte de Alemania de lo ocurrido, el pago de compensaciones individuales, y colectivas al Estado de Israel portaestandarte de la unidad judía y el pedido de perdón por parte de Alemania para quien su responsabilidad es un componente de su propia memoria. Un segundo pilar lo constituyen los testimonios de las víctimas, los sobrevivientes, sus hijos y los verdugos. No se puede construir memoria solo con las víctimas. Un tercer pilar es la férrea defensa de la memoria a como dé lugar frente a intentos de destruirla, como los que llevan a cabo los negacionistas del Holocausto.

Cuando Colombia vive el momento trascendental de un posible fin de una guerra de medio siglo, la sociedad colombiana se aventura en el pantanoso terreno de la construcción de la verdad y la memoria, un colosal desafío en el que por la naturaleza del conflicto y los actores, hay alta probabilidad que no se pueda construir una única memoria colectiva con las consecuencias que esto pueda tener para el posconflicto, la convivencia y la no repetición. El agrio debate actual sobre los hechos del palacio de justicia, uno de esos acontecimientos traumáticos en una sociedad, demuestra lo arduo por no decir utópico que va a ser el ejercicio de construcción de la memoria del conflicto en nuestro país.

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