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Las reflexiones de este domingo 8/11/15 de Alfredo Molano y Rodrigo Uprimny sobre la recapitulación de los sucesos ocurridos en el holocausto del Palacio de Justicia hace 30 años, me mueven a los siguientes comentarios:
a) no se puede desconocer la carga de responsabilidad del M-19, que de manera equivocada tomó como rehenes a ciudadanos indemnes, con el agravante de que estaban invadiendo el edificio símbolo de la justicia de la Nación y, por añadidura, sometiendo y poniendo en juego la vida de los más ilustres juristas que el país nunca tuvo, todo lo cual no se puede calificar sino como su peor error histórico. b) Subyace en la actuación de la tropa un tufillo a golpe de Estado, reafirmado por la manera como actuó la cúpula militar: reducción de la vigilancia al Palacio de Justicia a sabiendas de que existían indicios de la toma; el descomunal contraataque militar con tanques y morteros contra un oponente inmensamente inferior en capacidad bélica y al cual (según Molano) no se le ha atribuido ni uno solo de los muertos en el Palacio; el menosprecio al llamado de cese al fuego del presidente de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Reyes Echandía; la desatención del ministro de Guerra Vega Uribe, quien se presentó ante su superior cinco horas después de ser llamado, llegando a la Casa de Nariño a las cuatro de la tarde, cuando ya el Palacio de Justicia se consumía en llamas con los rehenes adentro; todo lo cual es, en resumen, desobediencia de los cuerpos de seguridad a los jefes de los poderes Ejecutivo y Judicial al aplicar a su antojo la “operación limpieza”, así de contera el Ejército se salía con la suya luego del malestar por los sucesos en Corinto, que llevaron al M-19 a retomar las armas y a planear la toma del Palacio de Justicia. Si bien el M-19 debe pedir perdón al país, sus miembros han respetado la dejación de armas y se han incorporado de distintas maneras a la institucionalidad. Más grave fue la actuación de las instituciones legalmente constituidas al no respetar, como constitucionalmente están obligadas, la vida de los rehenes y aún de los guerrilleros que salieron con vida. Están en deuda con el país todos ellos: el expresidente Belisario Betancur (al que no le caben más frasecitas poéticas y que pretende que esperemos su muerte para leer sus memorias), Noemí Sanín (que con toda desfachatez dice no encontrar razones para pedir perdón), por el Ejército Plazas Vega, Arias Cabrales, agazapados los unos o envalentonados los otros (en sus casas o tras las rejas), deberían hoy estar todos en el atril pidiendo perdón y prometiendo la no repetición. La Paz que se negocia en La Habana se puede malograr porque: 1. Los responsables de los hechos aquí narrados están presentes y nunca lo han reconocido o niegan culpabilidad alguna. 2. Sus sucesores (Thania Vega) y émulos se han atravesado como mula muerta durante toda la discusión sin darles validez a las conversaciones. 3. El gobierno de Santos les da demasiadas explicaciones y contentillos. Y porque además les teme tanto a estos “enemigos agazapados de la paz” que se ha olvidado de que Colombia lo reeligió para que lograra el acuerdo de paz y no para que volviera a consultar al pueblo bajo ninguna figura (llámese constituyente, referendo, plebiscito), porque de esta forma se puede dar la oportunidad de que se manipule lo acordado en todos estos meses del proceso (y se metan micos o articulitos). Hay en el ambiente gritos de guerra (lo que es con Uribe…), hay consignas (“estamos derrotados, pero no desalentados”), los sables están lustrados, los ánimos caldeados desde todas las tarimas, incluyendo las del Congreso, donde ululan varias lumbreras como son la esposa de Plazas Vega, la nieta de Guillermo L. Valencia, el primo de Escobar, el hijo de Ramos Botero, la esposa de Lafaurie, entre otros sedientos y viudos de poder.De fracasar el actual acuerdo de paz, se vendría una arremetida peor que todas las guerras que hemos conocido en estos largos 50 años. Podría ser el tercer Bogotazo, o quizás el Colombianazo. Gloria Upegui