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La reivindicación de una ciudadanía más abierta e incluyente sería la mejor forma de conmemorar el 11 de noviembre.
Cartagena conmemora mañana el día de su independencia con actividades culturales y festejos. A la tradicional entrega de las llaves de la ciudad a las candidatas del reinado nacional de la belleza se suman otros eventos, como la lectura del acta firmada el 11 de noviembre de 1811 que anunciaba la separación de España, la presentación de grupos folclóricos que bailarán cumbia y fandango, una exposición itinerante sobre la memoria de la ciudad y una marcha de la comunidad LGBT.
Si la diversidad de las actividades refleja algún interés por construir una identidad urbana más incluyente, el colorido del momento conmemorativo no debe ocultar las divergencias que hay en torno al pasado de la ciudad y de sus habitantes. La conmemoración de un hito nacional exige interrogar los fundamentos del orden político y social para evaluarlos retrospectivamente. Aún cuando en tales circunstancias es necesario atribuirle un significado a las fechas, los lugares y las personas, la conmemoración debe revivir y reinterpretar también una historia que no se ciña ciegamente a la memoria oficial y que reconozca los vacíos y los problemas de la vida en comunidad. ¿Es la Cartagena de nuestros días mejor que la ciudad de 1811?
Cartagena es una de las ciudades colombianas que más ha alimentado el mito de una clase popular irracional, ignorante y peligrosa, contrastada con una élite política educada, responsable y generosa. Por eso es panes obvio que durante muchos años la independencia del Estado libre de Cartagena se haya visto como un enfrentamiento maniqueo entre bandos de las élites representados por ‘toledistas’ y ‘piñeristas’, y no como un conflicto político y social que movilizó al conjunto de grupos que componían a la sociedad colonial.
Los acontecimientos del 11 de noviembre de 1811 fueron el resultado de una fractura de dimensiones transatlánticas, decantados a través del filtro que las condiciones locales le imponen a cualquier fenómeno de dimensión global. El conflicto cada vez más agudo entre una élite criolla y un conjunto de artesanos negros y mulatos que aspiraban a más igualdad se encontraba en el transfondo de la ruptura entra la ciudad y la península, entre América y España. Por eso la independencia cartagenera y el contexto conmemorativo que se desprende de ella no pueden examinarse sólo como un conflicto entre la metrópoli y un segmento de sus posesiones ultramarinas. Para los negros y los mulatos la independencia fue una guerra externa contra la corona española y una lucha interna contra las élites que les negaban el acceso a una mayor igualdad socio-económica y racial. ¿Cómo se plasma esta dimensión de la independencia de la ciudad en la actual conmemoración?
Ni una breve ni una gran historia de la ciudad pueden reducirse al canon lemetriano de patricios y plebeyos que tanto ha influido en la imagen que los cartageneros tienen de sí mismos. Ojala que la solemnidad y la alegría que van a engalanar las fiestas de la independencia no oscurezcan la vigencia de reivindicar una historia y una ciudadanía más abiertas e incluyentes. Tal vez sería la mejor forma de recordar y de actualizar lo que sucedió el 11 de noviembre.