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¿Quién resiste la tentación de un masmelo?

La U. Manuela Beltrán puso a prueba a 50 niños para medir su autocontrol. Los hombres resultaron ser más impulsivos que ellas.

Una de las participantes que no resistió a la tentación de comerse el masmelo, en un experimento de U. Manuela Beltrán.  / Cortesía
Una de las participantes que no resistió a la tentación de comerse el masmelo, en un experimento de U. Manuela Beltrán. / Cortesía

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Las instrucciones eran sencillas: los niños, de entre 5 y 7 años, recibían un masmelo. Si resistían 15 minutos sin comérselo, sin ni siquiera probarlo, tenían derecho a otro dulce igual. La espera se hacía aún más larga porque estaban en una habitación amoblada sólo con una silla y un escritorio, sin nada más que ayudara a la distracción. Este experimento, creado en 1972 por el psicólogo austriaco Walter Mischel en la Universidad de Stanford, y aplicado recientemente en Colombia por la U. Manuela Beltrán, busca medir la capacidad de autocontrol de los niños, una habilidad que los expertos relacionan directamente con el éxito que tendrán en su futuro.

El test del masmelo realizado en Colombia puso a prueba a 50 niños bogotanos que “venían de familias estructuradas, sin patología mental ni dificultades de aprendizaje, atención, ni percepción”. El escenario fue la cámara gesell de la Manuela Beltrán, una habitación acondicionada para que las personas que estén en su interior puedan ser observadas sin que lo noten.

El principal resultado: los hombres tienen mayor dificultad para controlar impulsos que las mujeres. Mientras el 72% de los niños se comió el masmelo antes de los 15 minutos (sólo el 28% esperó el segundo dulce), sólo el 52% de las niñas cayó en la tentación mientras el 48% “aplazó la gratificación para obtener un segundo masmelo”.

En un video de la universidad se ve el largo y lento suplicio que fue para los niños esperar ese cuarto de hora. La mayoría no resistió, por lo menos, tocar el dulce; también se les iba el tiempo observándolo fijamente, oliéndolo y dándole pequeños mordiscos que parecerían imperceptibles. Algunos prefirieron taparse los ojos.

“Lo que este experimento revela es que las habilidades que más tienen que ver con el éxito social, académico y económico son las que tienen que ver con el autocontrol (por ejemplo, ser capaz de enfocarse en una gratificación futura mayor y no en una gratificación inmediata menor) y la capacidad de distraerse a sí mismo para evitar tentaciones”, explica un documento de la institución.

Señala, además, que tener esta habilidad es más importante para asegurar el éxito de una persona que el propio cociente intelectual. “Estas habilidades no son innatas, pueden ser cultivadas por los padres. Los padres se enfocan más en desarrollar y reforzar la inteligencia de sus hijos, pero descuidan un rasgo que es mucho más importante para su carácter y el éxito en su vida: el autocontrol”.

Belisario Valbuena, psicólogo forense y líder de la investigación, asegura que “difícilmente un niño impulsivo será alguien organizado y metódico en su vida adulta”. Valbuena explica que al autor original del experimento le criticaban que a través de un ejercicio tan sencillo quisiera generar resultados complejos, “él se valía de la hipótesis de que ese rasgo de impulsividad podía mantenerse en la edad adulta”.

Y así lo pudo comprobar. Mischel le hizo un seguimiento por décadas a los niños que participaron en su experimento, y encontró que el denominador común entre aquellos menores que se dejaron tentar por el dulce, es que en su adultez eran “personas que sucumbían ante la tentación, habían empezado dos o tres carreras universitarias sin concluirlas, presentaban comportamientos de adicción al alcohol, drogas y juego”.

Según Valbuena, la psicología ha encontrado que el origen de los comportamientos impulsivos puede atribuirse, en buena parte, a las pautas de crianza. “Los papás de manera inconsciente están alimentando la incapacidad de los niños de posponer la gratificación. Si un niño quiere hoy un juguete o un aparato electrónico, se le entrega y no se educa para que espere hasta que lo merezca o sea capaz de utilizarlo. El mensaje que están recibiendo es que todo lo que piden y quieren, lo pueden tener de manera inmediata”.

Este estudio no termina aquí. El objetivo es hacerle seguimiento a los niños en los siguientes años.

 

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