Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Su voz ronca, que se interrumpe durante segundos por una tos seca, deja ver el exceso de mineral en sus pulmones. Solamente veía la luz tres veces al día por contados instantes para recibir alimentos. La historia de Gutiérrez no es la de un preso, es como la de muchos mineros que trabajan debido a la difícil situación económica, en la ilegalidad de las montañas que rodean la Sabana de Bogotá.
Estos hombres, además de padecer un sinnúmero de enfermedades por no utilizar las medidas de seguridad necesarias, soportan las malas condiciones laborales que les ofrecen sus ‘patrones’. “Desde el 12 de mayo cuando comencé a trabajar acá en Páramo Alto, municipio de Cogua, siempre se han atrasado con los pagos, y ahora dicen que no me cancelan la liquidación porque es muy caro para ellos. Además, adentro de la mina las condiciones son mínimas. Uno se tiene que acostar para poder picar el carbón, pues no hay más espacio”, explica Gutiérrez, al referirse a las razones por las que tuvo que salir de allí justamente porque le deben, además, dos quincenas.
Actualmente trabaja en una mina cercana, pero ha corrido con la misma suerte. En los quince días que lleva no le han pagado. Las fuertes lluvias inundaron la mina y terminaron dañando el motor de una bomba. A él y a sus compañeros les descontaron $400 mil, que ni siquiera se han ganado.
Gutiérrez vino de Sevilla (Valle), y cinco meses después llegó su cuñada Sandra Zuleima López con sus dos hijas, y Pilar, su sobrina, en busca de una mejor suerte. “En el Valle cuando trabajaba en casas de familia, me pagaban solamente $60 mil al mes”, cuenta Pilar explicando las razones de su estadía hace mes y medio en la mina en la que trabajó su tío, Arnobio Gutiérrez.
Sandra Zuleima está a cargo de la alimentación de los otros seis mineros. Todos comparten un ‘campamento’, como ellos mismos le llaman, construido al lado de la mina con unos palos cubiertos de plástico. Allí duermen o dormían hasta el martes pasado cuando en un operativo de cierres organizado por la Alcaldía de Cogua, la Corporación Autónoma Regional (CAR), la Procuraduría y la Policía municipal, la mina finalmente dejó de funcionar.
Desde las once de la mañana llegaron los funcionarios. El objetivo de la jornada era cerrar dos minas de carbón y una cantera de materiales para construcción (arcilla, arena y recebo), que no tenían el título minero (licencia para su funcionamiento otorgado por Ingeominas). Según la oficina provincial de la CAR en Zipaquirá, en el municipio de Cogua existen 17 minas de carbón y 58 de materiales para construcción, de las cuales menos de la mitad pueden legalmente funcionar.
Después de una hora de espera, cuando salió el último minero de las entrañas de la montaña, las autoridades procedieron a colocar los sellos que determinaban el final de su presente inmediato. Arnobio Gutiérrez se limpiaba las lágrimas negras. Aquellos hombres de rostros manchados eran testigos de cómo se cerraban sus esperanzas, de como terminaba su único modo de subsistencia.