Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Primero las vuvuzelas, que son las cornetas desesperantes que sonarán en todos los estadios y no dejan de chillar en las calles, el tráfico desordenado, las obras que todavía no están listas para el torneo, la inseguridad y la amabilidad del pueblo sudafricano que ha hecho un esfuerzo grande.
Johannesburgo es una mezcla de Barranquilla, Pereira y Puerto Tejada. Cuando uno va por sus calles ve semejanzas con Colombia. No hay taxis y el transporte público es muy precario. Eso sí, se ven los mejores carros y las marcas más exclusivas, pues los importados no pagan impuestos.
Es un país de contrastes muy marcados. No hay clases sociales reconocidas aunque sí ricos y muy pobres. Los blancos y los negros conviven pero la discriminación existe. La clase media cada vez es menor y esta Copa buscará que el continente africano sea mirado distinto por el mundo y que la inversión extranjera llegue a Sudáfrica.
Paraguay tuvo que variar sus planes por el mal clima, Chile está completamente aislada, Wáshington Tabárez ya confirmó la nómina para jugar hoy ante Francia, Brasil sigue hermético y sólo hablan sus jugadores en rueda de prensa y Argentina es un mar de optimismo y felicidad.
Maradona, quien jugó su último partido en USA 94 ante Nigeria, antes de salir dopado, vuelve al Mundial ante el mismo equipo ya como entrenador. Ha hecho un trabajo especial con Messi para que sea la figura: lo puso en la habitación con Verón, el líder de la selección, jugará como lo hace en Barcelona, desde atrás y libre con dos atacantes que serían Higuaín más Tevez; y lo ha puesto a hablar con más decisión y determinación ante los medios.
Si Messi recobra la alegría con la que juega en Europa y vuelve a ser el jugador feliz que todos conocemos, Argentina será candidata al título porque tiene muy buenas individualidades. Y eso lo sabe Maradona quien no es ningún tonto dirigiendo, aunque lo parezca.
Es tan fuerte el grupo argentino que hasta las piedras en el zapato fueron bien recibidas. Ayer llegó Óscar Ruggeri al entrenamiento, el mismo que está peleado con el gran jefe Grondona y que no aceptó ser asistente de Maradona. Se abrazó con ‘el Diego’, lo acompañó a que se fumara un puro y fue espectador del picadito que hizo el cuerpo técnico.
Guerrero de Caracol Radio.
Twitter: @cesarolo