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Competencia a la inglesa

El formato es familiar: dos equipos compitiendo para contestar una serie de preguntas. Cada respuesta acertada vale un punto y, al final, el equipo con más puntos gana.

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La diferencia es que en el caso de los programas concurso más populares de la radio británica el presentador tiende a otorgar puntos por capricho y al azar, no hay premios y al final nadie sabe muy bien quién ganó o por qué. Lo importante es echar buenos chistes durante el programa.

Los radioconcursos de este país deberían ser materia obligatoria de estudio para todo inmigrante que quiera radicarse aquí. Son un curso acelerado sobre las reglas de conducta que rigen esta sociedad.

Lección número uno: las reglas son importantes y hay que seguirlas. Esta es la nación que inventó el concepto del fair play. Los concursos, como la vida, se ciñen a reglas muy precisas. En el subconsciente nacional el peor crimen es el de quebrar las reglas o aprovecharse del sistema. Es la acusación que con más frecuencia se oye, por ejemplo, contra los inmigrantes: que vienen aquí y se aprovechan del sistema. Es mentira, pero cala.

Lección número dos: las reglas no necesariamente están escritas, hay que saberlas. En este país existe una constitución, pero no está escrita. Cada vez que hay una crisis constitucional hay que buscar precedentes, consultar expertos y, en efecto, encontrar un punto de acuerdo que dé la impresión de constitucionalidad. En uno de mis programas favoritos hay un segmento que se llama Mornington Crescent.

Ese es el nombre de una estación del metro londinense. Los concursantes tienen que ir nombrando estaciones de metro hasta que alguien grita “¡Mornington Crescent!”. Pero nadie sabe por qué o cuándo es permisible gritar “Mornington Crescent”. Aun así, todos lo aceptan y alguien gana puntos. En el contexto del arreglo constitucional de este país, me parece un juego perfectamente lógico.

Lección número tres: las reglas son las reglas, pero hay que ejercer juicio al aplicarlas. Para añadir al caos, los presentadores otorgan puntos por motivos poco claros, entre ellos, para que un equipo no vaya a coger mucha ventaja. En las bizantinas reglas de comportamiento social que rigen este país es aceptable competir, pero no demasiado. Ganar por un margen muy amplio o ser ferozmente competitivo es… cómo explicarlo … un poco gringo.

Así que si alguien está cogiendo mucha ventaja hay que apoyar al contrincante. Si alguna vez tiene, estimado lector, oportunidad de ver un partido de tenis en Wimbledon, fíjese en cómo el publico siempre apoya al jugador que va perdiendo. Pero si éste empieza a ganar, entonces apoyan al otro.

Lección numero cuatro: seguir las reglas da puntos, pero un buen chiste también atrae recompensa. Los concursos giran, en realidad, alrededor del humor y la sátira, y por lo general los equipos tienen, al menos, a un comediante profesional.

Lo que salva a los británicos de morir asfixiados por sus ridículas normas de comportamiento es un afinado sentido del humor y la ironía. Es difícil de explicarlo, hay que vivirlo. Es una característica que trasciende las diferencias de clase y económicas. Todo el mundo parece esperar una oportunidad para mamarle gallo al prójimo y a sí mismo. Así que mi consejo es: si quiere entender el subconsciente británico, escuche los radioconcursos.

* Periodista colombiano radicado en Londres.

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