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Terrorismo

Marcos Peckel
27 de octubre de 2015 – 09:12 p. m.

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No hay una ola de violencia en Israel.

Lo que hay es terrorismo, quizás no tan letal como los hombres bomba de comienzo del siglo o los cohetes desde Gaza, pero terrorismo que ataca a civiles inocentes por el simple hecho de ser judíos. Las autoridades de Israel reaccionan como lo harían las de cualquier otra democracia víctima de ataques similares.

Aquellos que desenfundan un cuchillo de entre su ropas y logran su cometido son presentados como héroes en las redes sociales y deificados por miembros del liderazgo palestino en discursos públicos o en sermones en mezquitas donde se debería estar promoviendo un mensaje de amor y reconciliación. De la misma forma que los videos pregrabados de los adolescentes suicidas enviados a su muerte por un liderazgo canalla, durante la segunda intifada eran transmitidos por diferentes medios para presentarlos como mártires de la causa palestina. ¿Qué tipo de indoctrinación y aprendizaje ha recibido un niño pre-adolescente que enceguecido por el odio se levanta un día y decide cuchillo en mano ir a matar a otro niño?

Parece que el mundo se hubiera puesto de acuerdo en avalar la violencia palestina, hacerle todo tipo de análisis y justificaciones, lo que no hace con ningún otro colectivo involucrado en ese tipo de actos. De esta forma se pierde la perspectiva de lo que realmente está ocurriendo en este conflicto que enfrenta a dos pueblos, Israel y Palestina.

Organismos internacionales secuestrados por los peores violadores de los derechos humanos como el Consejo de Derecho Humanos de la ONU, condena únicamente al país que hace lo necesario para defender a sus ciudadanos, a todos. Arabia Saudita ha asesinado a miles de yemitas inocentes en su guerra por control geopolítico de la región del golfo, Rusia hace lo propio en Siria, pero muchos prefieren identificarse con un joven que al intentar asesinar a un inocente es muerto por las autoridades a quienes inmediatamente condenan por ese hecho. Los plantones de enardecidos encapuchados solo convergen frente a las embajadas de Israel, no porque los palestinos les interesen un comino, sino por su visceral odio al Estado Judío.

Nada le ha hecho más daño a la causa palestina que el terrorismo y aquellos que fungen como caja de resonancia justificándolo, como el alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, quien en reciente discurso se refirió a los terroristas palestinos como “soñadores en el desierto del Sahara”. Esos “soñadores” asesinaron a los deportistas israelíes en las olimpiadas de Múnich y lanzaron por la borda de un crucero a un anciano parapléjico judío, entre otros muchos crímenes contra la humanidad.

El pueblo palestino tiene el derecho a su dignidad y su independencia pero actos como los de estos días y el maniqueísmo con el que se presentan hacen que ese sueño sea cada vez más lejano.

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