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El día más crudo de Guadalupe

Este jueves, las autoridades distritales realizaron un operativo en las ventas de cárnicos del sur de la ciudad.

06 de noviembre de 2008 – 06:00 a. m.

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Los camiones del Distrito comenzaron a llegar el jueves a las cuatro de la mañana al barrio Guadalupe, al sur de la ciudad. Funcionarios de la Fiscalía, la Sijín, la Secretaría de Salud, la Secretaría de Ambiente, la Personería, el Invima, la Policía Metropolitana y la Alcaldía Local de Kennedy tenían previsto inspeccionar los 160 frigoríficos del sector. Durante los últimos seis meses habían ido en reiteradas ocasiones, para advertirles a los tenderos sobre las irregularidades en las que incurrían. Los carniceros, que a esa hora se dedicaban a bajar de los camiones la carne fresca y a remover las vísceras, corrían la voz de que habían llegado los policías acompañados de funcionarios del Distrito y que tenían la orden de sellar 37 locales de venta de carne.

Los hombres, mujeres y niños, vestidos con delantales blancos salpicados de sangre, salían de los locales. Las cámaras de televisión de los medios de comunicación registraban los cientos de kilos de carne que, colgados de ganchos, expedían un olor impactante. En las bodegas cercanas al río Tunjuelo, montañas de cascos y cabezas de corderos y terneros, que probablemente habían sido sacrificados en el lugar, eran descubiertos por los funcionarios. Canecas de desperdicios aparecían por todas partes. En las calles, la sangre se mezclaba con el barro que había dejado la lluvia de la noche anterior. Hacia el norte del río, un grupo de la Fiscalía desmantelaba un matadero clandestino que se escondía detrás de una estrecha puerta de latón. Ocho cerdos sacrificados reposaban en el lugar.

Entre llantos, gritos y reclamos, los comerciantes de Guadalupe les pedían a los entes policivos que no les cerraran sus negocios, que les quitaran su mercancía, que los dejaran trabajar en paz. Algunos hasta aseguraban que preferían dar su vida antes de permitir que les quitaran todo. “Este negocio nos lo dejó mi mamá y es lo único que tenemos. Si nos hacen cerrarlo estaríamos perdiendo cerca de 10 millones de pesos en mercancía. ¿Quién dijo que es delito trabajar?”, decía entre llantos María Eugenia Soachá, una de las comerciantes de los frigoríficos.

Entre tanto, los miembros de la Personería y la Secretaría de Ambiente les explicaban a los comerciantes que se trataba de un operativo de control, que solamente serían sellados los establecimientos ubicados a las orillas del río Tunjuelo y que quienes cooperaran podrían sacar la mercancía que la Secretaría de Salud dictaminara en buen estado. “Hemos podido establecer que los frigoríficos localizados a las orillas del río vierten sangre, vísceras y demás residuos del proceso cárnico a las aguas del Tunjuelo. Aunque antes les habíamos puesto medidas preventivas, hoy nos encontramos con que no se han cumplido las normas”, explicó un funcionario de la Secretaría de Ambiente.

Cada vez que un local era sellado, comenzaba el transporte de carnes, pieles y todo tipo de elementos. Camiones del Distrito, repletos de desperdicios, abandonaban el lugar cada 30 minutos. Los comerciantes, desesperados, forcejeaban con los policías mientras intentaban sacar en camiones privados su mercancía.

El coronel Yesid Vásquez, subcomandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, aseguró que durante las ocho horas de operativos se incautaron más de 20 toneladas de carne, se realizaron 37 allanamientos y se capturaron 28 personas. Los delitos: contaminación ambiental, contaminación de aguas y corrupción de alimentos. “Desde aquí estamos envenenando a los bogotanos. La gente, por estar buscando un precio más cómodo, está arriesgando su salud”, decía.

Según la Secretaría de Ambiente, los infractores serán judicializados y podrán pagar hasta siete años de cárcel, dependiendo del caso. Entre tanto, Guillermo Urquijo, funcionario de la Secretaría de Salud, aseguraba que continuarán realizando campañas de concientización para que no se sigan vertiendo los desechos en el río y para que la gente comprenda la importancia de la higiene en la manipulación de este tipo de alimentos.

Las órdenes de sellamiento fueron cumplidas. Los carniceros retornaron a sus negocios, vacíos.

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