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Que Colombia, en sólo cinco años, padezca los enormes daños dejados por La Niña, que con sus nunca vistas precipitaciones inundó casi todo el territorio nacional, e inicie el lento pero inexorable camino de una inmensa sequía generada por El Niño, que con su ausencia de lluvias y altísimas temperaturas afectará como nunca a todos nosotros, tiene en sus explicaciones todo lo dicho por el editorialista, pero se queda corto en sus causas, y aún más corto en invitar a la formulación de respuestas integrales ante lo que se viene en los próximos seis meses.
Frente al estado lamentable de nuestros bienes y servicios ambientales, se nos olvida que ello tiene una profunda relación con la sumisión, desdén e ignorancia a que fueron sometidos desde el año 2002 por parte del Gobierno Nacional cuando, so pretexto de un mejor desempeño del Gobierno, se eliminó de tajo el Ministerio de Ambiente, que desde 1993 estaba haciendo esfuerzos —lentos pero bien encaminados— para plasmar todo el decálogo ambiental derivado de la recién adoptada Constitución. Fueron nueve años de ausencia de políticas públicas medioambientales, donde el crecimiento y el desarrollo arrasaron la tierra sin respeto alguno por la sostenibilidad, sacrificando todo lo ambiental y desmontando los pocos avances logrados por el Sistema Nacional Ambiental (Sina).
En entrevista dada a Ricardo Santamaría (diciembre de 2003), con ocasión de la eliminación de ese ministerio, el profesor Manuel Rodríguez decía que “lo del agua es fundamental para Colombia. Es claro que el manejo que le hemos dado no es el adecuado. Para el 2025 se prevé que, si las cosas siguen igual, 26 millones de colombianos sufrirán de escasez de agua en períodos de sequía. Es muy delicado. Es decir: si Colombia no mantiene las instituciones que se han creado, si no las fortalece, y si no cambia la tendencia en que va el problema del agua, entonces en 22 años el 65% de los municipios andinos podrán tener problemas de provisión de agua potable. Además de lo que esto significa para la actividad agrícola e industrial”.
Fue esa decisión del Gobierno la raíz profunda de todos nuestros males ambientales que ahora padecemos, sumándole otras que van desde la pusilánime actitud ciudadana frente a la naturaleza, creyendo en su eterna inagotabilidad; la ausencia de políticas públicas para fomentar la educación ambiental; la voracidad del sector privado ante los recursos naturales, para explotarlos sin límite alguno; el encendido motor del crecimiento que urbaniza sin razonamiento, sacrificando suelos y fuentes sin planeación, etc. Y en medio de ello, un Sina que hasta ahora va restableciéndose después de la muerte lenta a que fue sometido por esa errada visión, sólo corregida en los primeros días del gobierno Santos.
Ante ello, no queda más que acelerar el fortalecimiento del sistema, con el compromiso interinstitucional de trabajar, junto con todo el Gobierno, en planes de contingencia ante El Niño que ya padecemos, y en esa tarea vincular a todos los actores sociales, pues afrontar sus consecuencias es responsabilidad de todos.