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El armamentismo venezolano

 SE ADELANTA UNA CAMPAÑA MEdiática contra el gobierno venezolano, acusándolo de haber emprendido una carrera armamentista, que oculta las dimensiones y motivaciones reales de las adquisiciones de armas, al no referenciarlas con el entorno regional y, al obviar las amenazas que penden sobre la soberanía nacional.

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La política de defensa del Estado venezolano tiene como eje defender la soberanía, garantizar la seguridad de la nación y la paz, respetando la soberanía de los pueblos y de los Estados.

El Servicio Geológico de los EE.UU. (USGS) afirmó que Venezuela posee las mayores reservas petrolíferas del mundo. Según dicha Agencia la Faja Petrolífera del Orinoco contiene 513 mil millones de barriles, el doble de las reservas de Arabia Saudita. Tiene una reserva probada de gas de 179 billones de p3 y ocupa el 8º lugar en el mundo y el 1º de América Latina. Por tener además grandes reservorios de minerales estratégicos, hídricos y de biodiversidad, es un objetivo geoestratégico para EE.UU.

La receta que EE.UU. pretende aplicarle a Venezuela es la misma que siguieron en Irak, justificando con mentiras una invasión genocida para apropiarse de su petróleo. Nos acusan de no cooperar en la lucha contra el narcotráfico y de proteger a grupos insurgentes colombianos, pero la Oficina de la ONU contra la droga y el delito (Onudd), recientemente reconoció los avances de Venezuela en la lucha contra el narcotráfico por estar libre de cultivos de drogas, por el incremento de sus decomisos y por la captura de capos narcotraficantes. Denuncian sin prueba la presencia de guerrilleros en el país, pero no mencionan la penetración de paramilitares a nuestro territorio. Detrás de esa campaña de infundios subyace el propósito de “validar” una intervención, aplicando la doctrina imperial de la “guerra preventiva”. En ese contexto, EE.UU. reactiva la IV Flota, aumenta el financiamiento del Comando Sur y ejecuta un plan de establecimiento de bases militares en territorio latinoamericano.

Después del golpe de Estado y del paro petrolero en 2002, impulsados ambos por la administración Bush, EE.UU. suspendió los suministros de equipos militares al país. Esto obligó al gobierno venezolano a buscar suplidores alternos —Rusia, China, España, entre otros— para garantizar la operatividad de los sistemas de defensa de la Nación. Esa es la verdad.

En la gráfica se observan las tendencias divergentes en el gasto militar de los dos países. Según el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación sobre la Paz (Sipri) Venezuela destinó en 2008 al gasto militar 1,3% del PIB, cuando el promedio en América Latina fue 1,8% y Colombia gastó 4,6%. Se registra como positiva la declaración dada por los miembros de la “Misión de Política Exterior” de la Cancillería colombiana, en la cual desestiman la gravedad de las recientes compras de armamento por parte de países como Venezuela, Brasil y Chile y se afirma que “hablar de una carrera armamentista es una inflación exagerada de lo que está sucediendo”. Más claro imposible.

* Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en la República de Colombia

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