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Durante las últimas semanas, Rodrigo Rivera, ministro de Defensa, ha estado en el ojo del huracán. El presidente del Congreso, Armando Benedetti, dice que es el ministro de la inseguridad democrática, que los generales no le hacen caso y que debería renunciar. Y hace poco, el presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar, habló de un deterioro en materia de seguridad en el país y pidió al presidente Juan Manuel Santos asumir personalmente el liderazgo del asunto, como jefe supremo de las Fuerzas Militares.
En medio del rumor incesante de la muerte del jefe máximo de las Farc, Alfonso Cano, en un ofensiva de la Fuerza Pública entre los departamentos del Cauca y Tolima, Rivera habló con El Espectador y, cifras en mano, defendió su gestión. Y aunque no quiso casar peleas con sus críticos, sí lanzó una que otra pulla a aquellos que, dice, manejan una agenda partidista y personal y que viven empeñados en desconocer los avances alcanzados durante el gobierno Santos en el tema de la seguridad.
El tema de la seguridad fue el caballo de batalla del anterior gobierno y hoy pareciera que se está cediendo…
No es así, por el contrario, estamos intensificando el paso. Comparado con 2009, terminamos 2010 como el año con el menor número de asesinatos en los últimos 24 años, con la menor tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en los últimos 32 años y con una reducción del 6% en todos los índices de criminalidad. Un año en el que asestamos los golpes más duros de la historia contra las Farc, como la ‘Operación Somoda’ contra el ‘Mono Jojoy’; Contra las bacrim y el narcotráfico, la operación contra ‘Cuchillo’ y la operación ‘Cuenca del Pacífico’, donde incautamos más de US $150 millones en caletas, entre otras. Y 2011 ha empezado aún mejor.
¿Mejor? ¿Cómo así?
La reducción de la criminalidad en los primeros 47 días del año, en comparación con el mismo período de 2010, ha sido del 20%. En homicidios bajamos el 8%, en secuestro extorsivo el 24%, en terrorismo el 9% y en acciones subversivas el 65%. Incluso en los delitos que llaman de la seguridad ciudadana –como hurto común, secuestro común o hurto de vehículos– tenemos reducciones sensibles. Lo que pasa es que al mismo tiempo que se presentan estas cifras, hay sectores empeñados en desconocerlas y hacer un debate sólo a partir de tres o cuatro hechos que nos han causado impacto pero sobre los cuales estamos trabajando. Quieren tapar el sol con las manos y desconocer que hay avances sustanciales en materia de seguridad. Este debate me recuerda un grafiti que vi hace algunos años en Bogotá y que decía: ‘No queremos más obras, queremos promesas’. Ahora parece que esos sectores dijeran: ‘No nos importa que se reduzca la criminalidad, queremos percepciones’.
¿A qué sectores se refiere?
Sectores periodísticos y políticos respetables que tienen su propia agenda y nuestra obligación es garantizar que tengan toda la libertad para que saquen esa agenda adelante y puedan decir lo que quieran. Por eso a este debate nos aproximamos con respeto, pero también con la firme decisión de no caer en la tentación de ser parte de esa controversia política. Entre otras cosas, porque si hay un tema sagrado de unidad nacional que debe ser política de Estado, es el de la seguridad. Con la seguridad no se deberían ventilar agendas políticas o partidistas ni personales.
¿Y cuáles son esos tres o cuatro hechos qué, dice, han causado gran impacto?
El asesinato de los dos estudiantes de la Universidad de los Andes en el norte de Córdoba. Unos episodios de sicariato en Bogotá y un acto de vandalismo en el Transmilenio. Lo que demuestran las cifras hoy es que tenemos menos criminalidad pero la tenemos más cercana por la multiplicación que se da en los medios masivos de comunicación. Antes se sabía que había un atraco pero no teníamos la grabación. Ahora las cámaras de seguridad, que nos permiten judicializar a los delincuentes, también permiten que los videos lleguen a los medios y la gente se alarma con justa razón. Pero hay que decir la verdad completa y no parcial, y la verdad completa es que el país ha tenido avances notables y que hoy somos un punto de referencia en el mundo, que están tocando nuestras puertas para pedirnos colaboración en materia de seguridad y, de hecho, la estamos dando a 14 países de la región.
Pero es que alcaldes y ganaderos dicen que la seguridad ya no es la misma…
Pretender que de la noche a la mañana estemos en un paraíso donde se acabó el delito es una ilusión. Este debate que hemos tenido en los últimos días, con malas cifras, habría sido demoledor. Pero hay muy buenas cifras, grandes logros que no son flor de un día. Por ejemplo, en los primeros 45 días de 2011 hemos tenido 5.625 delitos menos que en el mismo período del año pasado. Si eso no es un avance en seguridad ¿entonces qué lo es? Esto es el resultado del esfuerzo de nuestra Fuerza Pública, del liderazgo del Presidente y del ministro.
Dice el senador Armando Benedetti que el miedo no está en las cifras que usted muestra y que usted es el ministro de la inseguridad democrática…
Si estas cifras no se cuentan y sólo se cuentan los hechos puntuales, no habría forma de atajar el miedo. El año pasado tuvimos 15 mil homicidios –que todavía son demasiados–, cuando en 2002 eran 29 mil. Y si con cada caso empezamos a llenar cuartillas y espacios de televisión contándolos detalladamente, eso asusta a cualquiera si no tenemos la verdad completa de que son muchos menos y de que estamos avanzando como sociedad en desarticular bandas de sicariato y causas que conducen al homicidio.
Pero es que ha vuelto el miedo…
El objetivo de los grupos terroristas es sembrar terror. Por eso la sociedad, los medios de comunicación, los líderes políticos, el Gobierno y la Fuerza Pública, tienen que reflexionar sobre el hecho de no regalarles victorias que no se merecen los terroristas. No podemos regalarles el terreno del miedo, que puedan ellos aterrorizar la población simplemente porque politizamos un tema que debe ser manejado con inteligencia y con cabeza fría.
Benedetti dice también que los militares no le paran bolas…
Si no hubiera aquí autoridad, si no hubiera un criterio riguroso de liderazgo y de trabajo en equipo ¿habría sido posible la operación contra ‘Jojoy’? No, seguramente habría fracasado por alguna filtración. ¿Habría sido posible la operación contra ‘Cuchillo’? No, habría fracasado como 17 veces antes fracasó por alguna filtración. ¿Habría sido posible la operación Cuenca del Pacífico? ¿Habría sido posible las operaciones de contrainteligencia que asumimos contra miembros de las distintas fuerzas que estaban metidos en actividades ilícitas y que con la firme determinación del Ministro y de la cúpula militar y policial hemos develado durante los últimos meses? ¿Habría sido posible lograr estos resultados de reducción de criminalidad? Por supuesto que no. Si aquí algo está mostrando las cifras es que esto solo puede ser posible con un ejercicio de autoridad, de liderazgo y de trabajo en equipo, del cual me siento muy orgulloso.
¿Ha pensado en algún momento en renunciar, como piden algunos?
No. Mi posición es de respeto y absoluta concentración en seguir ejerciendo el liderazgo frente a un equipo extraordinario de comandantes, de héroes y de luchadores en nuestra Fuerza Pública, para seguir dando los mejores resultados de la historia en la lucha contra la violencia. Yo no estoy hablando de resultados mediocres ni promedio, estoy hablando del mejor año en nuestra historia reciente en reducción de homicidios, de los golpes más duros contra las Farc y las bandas del narcotráfico. Y me siento muy orgulloso de estar al frente de un equipo que lo ha hecho posible y de seguir la guía sabia del presidente Santos.
El expresidente Andrés Pastrana dice que las bacrim son el legado del gobierno de Álvaro Uribe ¿cuál es su opinión al respecto?
Las bacrim son narcotráfico y yo insisto en que esta clase de temas no se pueden politizar. El drama nacional como consecuencia del narcotráfico ha sido una de las peores tragedias de las últimas décadas en Colombia y lo estamos derrotando. Durante los últimos años pasamos de producir más de 700 toneladas de cocaína de las que apenas incautábamos el 12% en 2002, a producir ahora alrededor de 400, de las cuales incautamos el 50% en 2010. Lo que hoy se conocen como bacrim son simples grupos de narcotraficantes que tienen que ser combatidos con toda la voluntad por parte del Estado, los partidos y todos los estamentos de la sociedad. Y lo estamos haciendo.
¿No cree que la inestabilidad jurídica de la Ley de Justicia y Paz es caldo de cultiva para las bacrim?
El año pasado tuvimos un problema delicado con eso tras una decisión de la Corte Constitucional. Pero la reacción del Gobierno y del Congreso fue ejemplar y en solo 16 días se aprobó una ley que nos permitió resolver el lío que teníamos frente a los desmovilizados. Había alarma por el riesgo de que parte de ellos fueran reclutados por las bandas criminales como consecuencia de la incertidumbre jurídica, pero el tema quedó resuelto.
Usted habla de reducción del delito pero hay cifras que muestran un incremento en el secuestro y la extorsión…
El secuestro en total registra un aumento de solamente el 4% este año. Pero si usted lo despieza, el extorsivo baja de 17 a 13 casos, 24% menos; y el simple pasa de 7 a 12 casos, un aumento del 71%. El secuestro extorsivo es la expresión más amenazadora de ese delito, es cuando secuestran para cobrar un rescate. El secuestro simple expresa un fenómeno de conflictividad social y familiar en casos como el de un papá que se lleva al hijo y la mamá lo denuncia por secuestro o cuando un novio se lleva una novia.
Fedegan dice que van 25 secuestros este año y más de 70 extorsiones…
Yo recibo este informe cada ocho días. Las cifras demuestran que el secuestro extorsivo sigue reduciéndose. Lo otro que estamos viendo es que se están reduciendo porque más del 70% de los secuestros que se han presentado en los últimos meses en el país con carácter extorsivo, terminan con la liberación o el rescate del secuestrado por una reacción fulminante de la Fuerza Pública.
¿Y las extorsiones?
El año pasado teníamos del 1° de enero al 14 de febrero, 214 casos denunciados. Este año, van 42, una reducción del 80%. Se plantea que es que a la gente le da miedo denunciar y por eso no es muy creíble la cifra que nosotros registramos, pero es que el mismo miedo existía el año pasado, luego las cifras son comparables.
¿Hasta qué punto las bacrim representan el mayor desafío de seguridad para el Estado?
Nosotros tenemos tres desafíos: los grupos narcoterroristas, Farc y Eln, frente a los cuales ni hemos ni vamos a bajar la guardia. La estrategia es que los estamos buscando en sus madrigueras y los estamos atacando en sus campamentos base. La segunda gran prioridad son las bacrim, que regionalmente tienen una capacidad de perturbación. Cuando tienen disputas territoriales disparan la criminalidad y es lo que ha pasado en Córdoba y en límites con Antioquia. Y el tercer gran reto es el de la seguridad ciudadana, donde estamos empleando el nuevo dispositivo policial que es el plan de vigilancia comunitaria por cuadrantes, que es que en lugar de tener policías que patrullan por todas partes tenemos policías ubicados en zonas de las ciudades. Es como volver al viejo concepto de policía de la esquina. Ahora, el esfuerzo mayor en materia de seguridad ciudadana corresponde a la necesidad de coordinar con el resto del Estado, con la Fiscalía, con el Poder Judicial, con Bienestar Familiar, con el sistema educativo, con los gremios, con los ciudadanos, para avanzar con un tema que ya no tiene que ver con la manifestación criminal sino con convivencia y tolerancia. Le doy una cifra: de los homicidios en 2010, el 47% se debieron a sicariato, pero el 37% se debieron a intolerancia. El nuevo frente de lucha contra la inseguridad ciudadana tiene que ver con cambios culturales en convivencia y tolerancia.
Pero diera la sensación de que esas nuevas estrategias están tardando en ser efectivas, porque la percepción del ciudadano del común es que hay una inseguridad creciente…
Porque la gente está percibiendo que el tema de las Farc y el Eln está superado. Pero se equivoca, no lo está. La gente tiene alarma por el tema de las bacrim regionalmente y ahora se ha vuelto un tema nacional por lo que ocurrió en Córdoba. Pero esa subestimación del fenómeno no la tenía el Gobierno. Mucho antes de que se elevara el foco de atención pública sobre el tema de las bandas criminales en Córdoba, ya en agosto del año pasado habíamos hecho un consejo de seguridad en Montelíbano. Allí creamos un nuevo fuerte de carabineros con 480 hombres, seis unidades básicas de inteligencia y multiplicamos por siete la presencia militar en el norte del departamento creando la fuerza de tarea del bajo Sinú, que quedó con 50 hombres. Por eso insisto: la obligación del Gobierno es actuar sobre las realidades y, a partir de ellas y con una buena divulgación de lo que está pasando, enfrentar el tema de las percepciones. Y esas percepciones se enfrentan comprometiendo a la comunidad, a través de las redes de cooperantes, de un diálogo mucho más constante de los comandantes policiales y militares con los líderes gremiales, especialmente en el sector agropecuario, y también con alcaldías y gobernaciones.
El presidente Santos dijo que le estaban respirando en la nuca a ‘Alfonso Cano’ ¿qué tan cerca están?
Solamente le recuerdo que el 21 de agosto, precisamente el día que estábamos haciendo el consejo de seguridad en Montelíbano, estuvimos a pocos metros de acabar con la carrera criminal de Alfonso Cano. Fue una operación que el país conoció y que fue enfrentada por las Farc con una estrategia de desinformación, llamando a las emisoras para decir que habíamos bombardeado niñas y mujeres, cosa que era falsa, y llamando a los campesinos para que fueran a rodear a las tropas en el sur de Planadas. Desde ese momento le estamos respirando en la nuca.
¿Qué pasó realmente el domingo pasado, cuando no pudo darse la liberación de dos secuestrados? ¿Fue una estrategia para que ‘Cano’ escapara?
Fue una demostración fehaciente de los extremos problemas de mando y control que tienen hoy las Farc por la ofensiva militar de nuestras Fuerzas Militares. No fueron capaces de cumplir un compromiso cuando todo mundo los estaba mirando, cuando habían preparado su gran fiesta, porque es triste decir que hacen fiestas y shows con el dolor y el drama del secuestro.
¿Queda descartada entonces la hipótesis de que estaban moviendo a ‘Alfonso Cano’?
Totalmente descartado. Nunca hubiéramos autorizado una suspensión de operaciones en una zona donde se podría afectar una operación estratégica de alta importancia para el país.
¿’Alfonso Cano’ está en el Cañón de las Hermosas?
Está en algún lugar donde no va a estar por mucho tiempo porque, al igual que otros narcoterroristas y jefes criminales, también caerá.
El presidente Santos es muy enfático en decir que saben dónde está ¿estamos próximos a tener la noticia de que cayó?
No voy a especular con eso. Espero dar buenas noticias como en el pasado.
¿Ya saben que pasó con ‘Fabián Ramírez’, después del golpe al campamento donde presuntamente se encontraba?
Sólo Dios sabe. Está neutralizado y no ha vuelto a hacer daño.
Con el tema de las liberaciones hay quienes ven una pequeña luz de salida dialogada a la paz ¿lo ve posible?
Lo que veo con todas esas iniciativas y los mensajes que las bandas criminales nos mandan es que el Estado colombiano y la Fuerza Pública están más fuertes que nunca. Esas iniciativas nunca surgen frente a un Estado débil, luego lo que tenemos que hacer es arreciar, intensificar operaciones, ganar más confianza en la ciudadanía, obtener el respaldo de todos los partidos y estamentos a nuestra Fuerza Pública para conseguir, más temprano que tarde, la seguridad y tranquilidad para todos los colombianos.
¿Le molestó que los conservadores hubiesen pedido que el presidente Santos asumiera el control en el tema de la seguridad?
Respeto las opiniones de los líderes políticos y de opinión, y mantengo la firme determinación de mantenerme concentrado en seguir haciendo la tarea y seguir mostrando resultados. ¿Usted se imagina que frente a la oleada de críticas de septiembre pasado nosotros hubiésemos perdido la concentración y de paso hubiésemos perdido la oportunidad de acabar con la carrera criminal del ‘Mono Jojoy’? Pero no nos metimos en el juego de las controversias políticas, mantuvimos la disciplina y el foco y le dimos al país la enorme satisfacción de acabar con el peor de los terroristas. Allí están las cifras y los resultados y vamos a perseverar.
Los rumores hablan de que el presidente Santos tiene sus propios asesores en seguridad –como Sergio Jaramillo, secretario técnico del Consejo de Seguridad– y que en esa materia son ellos los que toman las decisiones y no usted…
Lo que digo es que somos un equipo de gente conocedora, avezada, que está haciendo la tarea y que está mostrando resultados. Los logros que hemos tenido en seguridad no son exclusivos de nuestros soldados y policías, ni siquiera de la cartera de Defensa ni del propio Gobierno. Son logros de todos los colombianos. Sé que hay gente interesada en los mentideros políticos y periodísticos en tratar de descarrilar el buen rumbo que lleva el país en esta materia, pero no es gratuito que al presidente Santos lo inviten a hablar de seguridad ante el G-8.
¿Será que hay sectores políticos que le quieren cobrar su cercanía con el expresidente Uribe?
No tengo comentarios.
¿Cómo están sus relaciones con el ministro del Interior y Justicia Germán Vargas Lleras?
Muy positivas.
¿Y con el general Óscar Naranjo, director Nacional de la Policía?
Excelentes. Con todos los comandantes tenemos la mejor relación.
Porque dicen que podría ser su reemplazo en el Ministerio…
No crean lo que se dice en los mentideros políticos, que por algo se les llama mentideros. Lo primero que deje al entrar a este despacho fue el ego. Aquí estamos manejando esto con responsabilidad y yo he dicho y lo repito: el general Naranjo no solo es el mejor policía del mundo sino también el mejor de nuestra historia. Él, al igual que los demás comandantes de la cúpula militar, es prenda de garantía de buenos resultados. A mucha gente se le olvida pero estamos frente al mando militar y policial que ha dado los mejores resultados en los últimos 24 años en materia de seguridad para el país.
Por cierto ¿no se siente usted irrespetado con críticas tan duras como las del senador Benedetti?
Total respeto por las opiniones de los líderes políticos y periodísticos del país. Yo tomo todo eso como una oportunidad para poder mostrar la verdadera realidad de lo que estamos viviendo en Colombia, para que la gente conozca lo que está pasando y saque sus propias conclusiones.
Claro que el mismo expresidente Uribe le envió una nota al presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar, respaldando sus reclamos por el tema de la seguridad…
Y yo lo comparto. Así se lo expresé al Partido Conservador en una reunión muy cálida y constructiva que tuvimos esta semana. Yo valoro las opiniones constructivas, los aportes, las quejas que se hacen. La materia prima con la que yo trabajo son esas informaciones. Todos los días recibo entre 30 y 40 mensajes de líderes políticos que me dicen: ‘ojo con lo que está pasando en tal municipio o en tal otro’. Y frente a eso estoy actuando. Ese es un polo a tierra para garantizar un mejor trabajo.
¿Habla muy seguido con el expresidente uribe?
Con bastante frecuencia y él sigue siendo el primer cooperante de esta gestión.