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Crédito

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El país futbolero extendió un crédito amplio y suficiente al técnico José Pékerman cuando terminó el Mundial de Brasil. Su labor había sido fecunda, brillante, productiva y la renovación del contrato para el adiestrador argentino fue un pedido colectivo, arrancando por el presidente de la República, quien lo manifestó en varias oportunidades.

Un año después empiezan a verse las costuras en la relación entre el país futbolero y el técnico. Ya no se comulga con todas sus decisiones, ya se cuestionan sus planteamientos, ya se le endilgan claras responsabilidades en el acelerado proceso de desprestigio y caída de la selección. Y el punto más bajo de esta relación, si se pudiera medir por las encuestas o por el opinómetro, quedó patentado el martes en la noche luego de la traumática derrota ante Uruguay, jugando muy mal y siendo muy mal manejado el equipo desde el banco.

Hoy Pékerman divide, ya no tiene la adhesión colectiva de hace un año, ha ido perdiendo credibilidad porque se viene equivocando y feo en las últimas decisiones. Por supuesto, existen amigos incondicionales que se encargan de matonear a quien osa discrepar de sus métodos, convocatorias, procedimientos y planteos. Son los mismos mequetrefes encubiertos que detrás de un computador insultan, trinan y se desmadran en esa libertad de opinión que reclaman para sí pero le niegan a quien tiene puntos de vista diferentes a los suyos.

El técnico debe entender que se nota demasiado la ausencia de trabajo, tema en el que se ha martillado desde la Copa América. Esa complacencia para jugar contra equipitos como Bahréin, Kuwait, El Salvador, ha llevado a empequeñecer la imagen de la selección. La tardanza para intentar hacer la renovación que ahora se busca aceleradamente tras un año, entre la firma de su nuevo contrato y la Copa América, sin saber para donde va el asunto. El “amiguismo” para sostener convocatoria de jugadores en franca decadencia y el “ninguneo” hacia otros, caso Jackson Martínez, es un tema complejo y difícil de aceptar.

A la selección se le fue el fútbol colectivo, eso que se llama el juego, ha perdido la identidad y hoy es un híbrido entre un equipo pegapatadas y un colectivo mediotocador.

Así pues, el técnico debe pensar seriamente que el aval, la carta de crédito que el país le extendió hace un año, se viene agotando y que solo él, con convocatorias ajustadas a la realidad del momento de cada jugador, sin amiguismos y sin revanchismos, con planteos tácticos serios y bien elaborados, puede recomponer esta relación que se viene deteriorando rápidamente y que puede terminar en un divorcio o en que el banco le cierre el crédito.

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