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Ante la encrucijada en que se encuentra el País, frente a una juventud todos los días más descarriada y violenta por el consumo de drogas, los candidatos a gobernaciones y alcaldías, no dan señales de enfrentar el problema, proponiendo planes y programas de desarrollo para conjurarlo, parecería que no les interesara el presente y futuro de nuestras generaciones, que indudablemente los secundarán en sus puestos de mando.
Lamentablemente a ninguno de los candidatos a gobernaciones y alcaldías, no se les ha visto ningún programa serio en procura de enfrentar el terrible flagelo de drogadicción y delincuencia juvenil, con la consecuente práctica de violencia sexual, que ya prácticamente tiene a todos los estamentos de la vida nacional acorralados.
Como estamos próximos a terminar un año lectivo, es muy importante que el Ministerio de Educación, evalúe los diferentes colegios tanto públicos como privados, con el fin de levantar un censo de mucha conciencia, sobre los delitos de: matoneo, consumo de drogas, promiscuidad sexual y demás actos delincuenciales que en el año que termina han sido el pan de cada día, en cientos de establecimientos educativos del país.
Debemos admitir que la situación en bien delicada, se requiere tomar medidas urgentes, para que el próximo año 2016, se inicie con un diagnóstico claro de soluciones a la vista, pero, sobre todo con el compromiso de que tanto padres de familia, como autoridades van a colaborar para que hechos tan lamentables no se vuelvan a ocurrir.
El punto más diciente es el de la drogadicción, por lo regular todos los colegios de primaria y bachillerado están salpicados por este mal, lo más grave es que los expendidos están dentro y en las afueras de los Establecimientos educativos, se han convertido en verdaderos comerciantes de drogas ilícitas, que se distribuyen bajo una logística tan perfecta que a las autoridades les es difícil detectar.
Es tan delicado el problema de drogadicción entre los adolescentes y jóvenes, que estos comportamientos los está llevando a practicar el sexo a edad tan temprana, es escandaloso ver niñas colegialas embarazadas a los diez años, pero de allí se derivan otras conductas más peligrosas que los impulsa a defender su estado, fácilmente viene la inducción al delito, como convertirse en mulas del narcotráfico, o correos humanos de bandas delincuenciales.
Compete a todas las fuerzas vivas de la sociedad buscar urgentes soluciones, puesto que está en entredicho el futuro de nuestros hijos, que es el mismo de las presentes y futuras generaciones, y de la sociedad misma, no se debe ahorrar ningún esfuerzo, no podemos permitir que nuestros niños y jóvenes de ambos sexos continúen trasegando los caminos de la incertidumbre, con el desafío entre ellos mismos de quien es el más fuerte frente a los delitos atroces que se cometen.
Las pandillas juveniles que se están formando en los barrios y establecimientos educativos, tienen su razón de ser: es la falta de cariño y de afecto que no encuentran en sus hogares, donde los postulados de respeto a los principios y valores que deben primar, ya son cosa del pasado, por esta razón en nuestros jóvenes empieza a formarse un periodo de frustración que terminan por ser huidizos, retraídos, terminando finalmente por cometer hechos violentos, sin razones justificadas, con enormes posibilidades de suicidio.
Como consecuencia de los anterior, es denigrante ver cómo nuestro jóvenes, sin ningún motivo se están desafiando para librar batallas de vergonzosas riñas a la salida de los colegio, aplaudidos y azuzados por los compañeros de curso, estas prácticas son un indicativo que en los hogares, escuelas y colegios, está haciendo falta algo, que los ponga en el redil del razonamiento de las buenas prácticas de convivencia, situaciones que la mayoría de las veces no tienen una adecuada interpretación de parte de los padres de familia, ni de los establecimientos educativos, de ahí que es urgente implementar los manuales de convivencia.
Lamentablemente tenemos que decir que la legislación sobre los derechos de los menores y el mismo código del menor, no está dando los resultados requeridos, el diagnóstico que se debe aplicar a través de normas y decretos, se ha quedado corto, puesto que cada caso en particular es un mundo totalmente aislado para las autoridades y la sociedad misma.
Hay miles de historias de jóvenes de todos los estratos sociales, que un día cayeron en la desgracia de las drogas, aconsejados por sus amigos de colegio o de barrio, y les quedó gustando tanto el primer viaje de fantasía, que lo hacen la segunda y la tercera vez; que ya prácticamente se salen de su personalidad y buenos modales recibidos en su hogar, llegan a un callejón sin salida, donde el consumo de las drogas se les vuelve una obsesión y para sostenerlo empiezan a inventarse mentiras con el fin de sacar dinero a sus progenitores para sostener vicio, y los enseres de la casa a desaparecer.
El cambio de personalidad en estos jóvenes es muy notorio, por lo regular se vuelven malgeniados, con malos rendimientos académicos, cuando sus padres los llaman al orden por lo regular les responden de malos modos, siempre buscan una excusa para salir de sus casas a reunirse con las galladas, y en conjunto reunir dinero en la forma que sea para satisfacer el vicio.
Cuando se llega a esta tercera etapa, un padre de familia precavido debe prender las alarmas con los profesores donde estudia su hijo; se están presentando casos tan alarmantes de jóvenes que en su niñez y adolescencia fueron un modelo de formación académica y moral en sus colegios y hogares, sorprendentemente en solo unos meses se convierten en toda una piltrafa humana, con el agravante que no escuchan consejos y todo lo que se les diga les irrita y molesta.
Para controlar la drogadicción en los jóvenes, los métodos de represión es muy difícil que operen, puesto que las drogas sintéticas y paliativas, son tan comunes entre ellos, que ya aprendieron a producirlas artesanalmente, lo más grave con inmenso peligro para su salud, unas dosis mal aplicadas pueden producir trastornos tan graves y causar daños de por vida.
urielos@telmex.net.co