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Carta abierta de un profesor a un expresidente de la República

Arturo Charria
07 de octubre de 2015 – 09:33 p. m.

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Los acontecimientos de los últimos días en relación con el proceso de paz y su posición ante estos me obligan a escribirle a título personal. Lo hago desde la frustración que me producen sus opiniones públicas, incapaces de ver una sola luz de esperanza en el fin de la guerra. Su actitud, lejos de ser crítica, es intransigente; usted alimenta su discurso con los miedos de la sociedad, convirtiéndolos en fantasmas que recorren Colombia: los ven bajo la cama, al doblar las esquinas, al leer las noticias y, sobre todo, al escuchar la palabra paz.

Señor Álvaro Uribe Vélez, le escribo para pedirle que les permita a las nuevas generaciones pensar y soñar con una Colombia que usted y yo no hemos vivido, permítales creer que otro país es posible.

Muchos colombianos lo ven como un referente desde el que interpretan la política del país. Cuando lanzan juicios y votos no lo hacen como un acto atravesado por la reflexión, confían en usted y en su criterio. Esos colombianos lo ven como al sol, sin percatarse de que no se puede mirar fijamente un destello de luz tan incandescente, durante tanto tiempo, sin quedar ciego en el intento. Y, señor expresidente, recuerde que la vanidad de ser el centro de todas las miradas también enceguece y que hay un sol mayor, la historia.

Esta situación se vio el 23 de septiembre, a escasas dos horas de conocido el marco general del acuerdo que permite un mecanismo de justicia al que se acogerían las Farc, instrumento construido a la luz de la justicia restaurativa y transicional. En teatral puesta en escena usted leyó un documento de ocho puntos con todos los congresistas, candidatos y exaspirantes a presidente de su partido, el Centro Democrático. Digo teatral porque en menos de dos horas logró convocar a toda su bancada y llenar un auditorio que agitaba globos y lanzaba consignas con su nombre.

Sus palabras, reproducidas una y otra vez en distintos medios de comunicación, se convirtieron, en menos de 24 horas, en el guión que miles de colombianos comenzaron a repetir, sin siquiera pensar el peso que estas tienen. No me genera malestar su posición crítica, pues la existencia de la oposición es necesaria y saludable para la democracia. Me duele es su actitud pesimista y apocalíptica ante la realidad de los hechos que acababan de ocurrir. En síntesis, volvió a decir la oración con que despierta y acuesta a millones de colombianos: “les están entregando el país a las Farc”. No sin antes corear, en varias oportunidades, el vocabulario indispensable que debe recordar un colombiano de bien: narcoterrorismo y castrochavismo.

Señor Uribe Vélez, no esperaba que tras el comunicado que se leyó la tarde del miércoles en La Habana usted apareciera en medios de comunicación con la paloma blanca pegada en la solapa de su chaqueta, elogiando la totalidad del acuerdo, exaltando la labor del equipo negociador y el cambio de postura por parte de las Farc. Sin embargo, su comunicado resulta indignante: tergiversa, falsea y sobreinterpreta el contenido del mismo. A lo que usted llama “igualar el terrorismo con la impecable labor de las Fuerzas Militares”, yo le respondo que en esta guerra no hay muertos accidentales y otros que son asesinados por la sevicia y la maldad del terrorismo, solo hay muertos que merecen respeto y no estratificación.

Al escuchar su intervención no pude dejar de pensar que esta había sido escrita antes de que se conociera públicamente el acuerdo sobre justicia. Como esas notas necrológicas que los periódicos tienen listas para publicar cuando mueren los personajes ilustres de la sociedad. En su caso, el comunicado estaba escrito y solo tenía unos pocos espacios en blanco que estaban por llenar.

Como profesor de Ciencias Sociales no he dudado un solo instante en decir que usted es la figura política más importante de los últimos 15 años, evitando juicios de valor que resultan innecesarios en un aula de clase. Pero no puedo evitar preguntarme cómo tendré que hablar de usted dentro de 15 años. Si tendré que hacerlo como de alguien que fue capaz de leer el momento histórico que estaba viviendo el país e hizo parte de esa transformación o si, por el contrario, prisionero de sus propias mentiras, le dio la espalda no solo a la paz sino al país y a la historia.

Señor Uribe Vélez, me gustaría recomendarle unos versos del poeta Juan Manuel Roca que hoy parecen anticipar su destino: “Con coronas de nieve bajo el sol / cruzan los reyes”.

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