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¿Pediatra inhumano?

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En el sonado caso del gastroenterólogo pediatra lanzado al escarnio público mediante un video en el cual se niega a atender a un menor de edad por haber llegado tarde a su cita, hay varias circunstancias en las que valdría la pena profundizar:

1- La EPS retrasó la cita durante 18 meses y ese retraso nada tiene que ver con el pediatra.

2- La madre afirma que tuvo que recurrir a la Supersalud para conseguir la cita pero, después del escándalo, Colsubsidio le ofreció una casi de inmediato.

3- La madre irrumpió en el consultorio del pediatra mientras atendía a otro paciente. Cualquier médico está en todo su derecho a pedir que quien haga eso se retire o sea retirado de inmediato (y si lo graban se verá a un médico expulsando o haciendo expulsar un paciente del consultorio).

4- Para obligarlo a atender a su hijo en la hora que ella quería, la madre amenazó al pediatra con hacer pública la grabación del reclamo hecha con su celular. Nadie puede ser grabado sin su consentimiento. Cuando no se trata de una consulta de urgencias (por demorada que haya sido), cualquier médico tiene el derecho a negarse a atender a quienes lo amenazan o presionan indebidamente.

5-La madre dependía de los periodistas para concretar su amenaza. Su grabación ilegal fue utilizada como herramienta de chantaje y los distintos medios de comunicación que no dudaron en hacerla pública permitieron que se saliera con la suya. Si la hubieran rechazado por ser ilegal dando inicio a una investigación los efectos nocivos de la amenaza no se habrían materializado tan fácilmente (aún quedaba disponible la red). Pero, rozando las fronteras de la legalidad, no solo la publicaron sino que la editaron sacando los hechos de contexto.

Qué gran historia periodística hay detrás de todo esto si se quiere ahondar un poco.

Rafael Macía Mejía. Médico anestesiólogo. Bogotá.

Paz sin intocables

Pretender la paz cuando hay intocables es un absurdo. La paz solo será posible cuando todos nos hagamos un examen de conciencia y reconozcamos nuestras culpas, bien sea por acción o por omisión. Cuánto hemos tolerado, cuántas veces nos hemos comportado con una indiferencia casi criminal, cuántas veces acciones de la más alta crueldad o injusticia nos han importado un comino. Dejemos, por lo menos, de pregonar que las acciones de mis enemigos son las únicas que merecen el castigo y para los nuestros todo es permitido. Una acción es buena o mala per se. Para su calificación no debe ser de importancia el quién la cometió. Es un absurdo descalificar el clamor de justicia de alguien porque lo hemos calificado de enemigo. Como decía en días pasados, esta paz, esta tan añorada paz, la veo tan lejana, que es casi una quimera.

Manuel José Jiménez Gómez.

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