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No hay nada que pese más que un mal matrimonio. Esta parece ser la historia del ex presidente Álvaro Uribe Vélez tras elegir como encargado de defender las banderas de sus ocho años de gobierno al actual mandatario de los colombianos, Juan Manuel Santos. Así lo plantea el columnista Ernesto Yamhure, quien asegura que el encuentro que se llevó a cabo entre Uribe y Santos, el lunes, en su finca de Rionegro, no fue el más cordial.
Afirma el columnista que Santos insistió durante más de dos semanas para conseguir la entrevista con Uribe y en el encuentro, al que fue acompañado por su esposa, María Clemencia Rodríguez, “Santos reclamó por los talleres democráticos que serán ejecutados como actos políticos del movimiento Primero Colombia, con el cual el ex mandatario llegó en dos ocasiones a la Presidencia de la República, y no con el Partido de la U”.
Ante este reproche, Uribe le recordó que esta es su forma habitual de hacer política, trabajando con la gente y recogiendo sus quejas y necesidades. Además, señala Yamhure, hubo quejas del ex mandatario por el nombramiento de varios de sus detractores en importantes ministerios, por haber convertido al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en su nuevo mejor amigo y por promover una ley de víctimas que había sido rechazada por su gobierno.
Pero, sin duda, el principal punto de divergencia entre los dirigentes fue el de promover los talleres democráticos por fuera del Partido de la U. Para Fernando Alameda, director del Centro de Pensamiento Primero Colombia, “la U es el partido más importante del uribismo, pero no es el único. Los talleres tienen como razón fundamental identificar la agenda regional para que se ajusten a las políticas que Uribe ha planteado, porque él ha preferido llegar a acuerdos programáticos para que después los partidos tracen las políticas y las alianzas. Si no fuera así, sucede que el Partido de la U hace la convocatoria y quedan excluidos otros sectores uribistas, por ejemplo, los independientes”.
Alameda explicó que desde el centro de pensamiento están defendiendo ideas y no partidos, pero advirtió que “la alianza con el Partido Conservador es una alianza natural, porque ellos siempre han sido la coalición uribista, pero si el día de mañana un sector del Partido Liberal decide que estas son las mejores políticas, son bienvenidos”.
En cuanto a las diferencias entre Uribe y Santos, explicó que no se trata de una molestia sino una preocupación. “A mí me inquieta el cambio de política frente al nuevo mejor amigo, porque representa todo lo contrario a lo que Uribe ha buscado. Digamos que lo que hay es una desaceleración de las políticas de Uribe, veo que falta convicción en la aplicación de las políticas y hay algunos ministros que no tienen esa convicción o no la plantean con energía. Los tres huevitos de Uribe no se sabe si los cuidan con cariño o los cuidan sólo para vender la idea de que son la continuidad de las políticas de su gobierno. A todos nos interesa que el país salga adelante, los uribistas ayudamos a elegir al presidente y por eso todos esperamos que continúe la obra del anterior mandatario”.
Curiosamente, al mismo tiempo que se hacen públicas las diferencias entre Uribe y Santos, y los sectores cercanos al ex mandatario ratifican su decisión de mantener distancia frente a la U, el presidente de esta colectividad, Juan Lozano, reconocido por su respaldo irrestricto a Uribe, da un reversazo y declara la independencia del partido frente a la estrategia política del ex presidente, al señalar, a la revista Semana: “Veo positivo para el país que se adelanten los talleres democráticos con un empeño programático, de encontrar los grandes temas que se deben resolver en las ciudades y departamentos. Eso es útil. Pero la U tiene su institucionalidad, y los avales y todo el proceso de orientación electoral tienen que surtirse dentro de los conductos institucionales”.
Aunque es claro que a Uribe le debe estar pesando, más que un mal matrimonio, haber encomendado los huevitos de la seguridad democrática, la confianza inversionista y cohesión social al presidente Santos, también es claro que, como reza el adagio popular, “es mejor un buen divorcio que un mal matrimonio” y los dos dirigentes han preferido manejar sus diferencias con prudencia, por lo menos, hasta que se lleven a cabo las elecciones regionales.