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Shlomo Ben Ami no es un neófito en el tema de la paz. Como ministro de Relaciones Exteriores de Israel, fue jefe negociador en las conversaciones en Camp David en el 2000.
Ahora es el vicepresidente y cofundador del Centro Internacional de Toledo por la Paz, un centro especializado en la resolución de conflictos. Desde esa posición, lleva varios años acompañando el actual proceso de paz con las Farc. He aquí unas de sus reflexiones sobre el post conflicto, reflexiones extraídas del discurso de Ben Ami el pasado 24 de septiembre en durante la Asamblea de Confecámaras en Cartagena:
• “No se trata de eliminar la economía de mercado ni tampoco de la implantación del ‘realismo socialista’. La lucha por la sociedad supuestamente ideal no es el tema de una negociación de paz; es más bien el tema de la lucha política en democracia, y que sea la mayoría democrática la que decida”.
• “La paradoja del caso colombiano reside en que es una democracia estable, eso sí imperfecta como cualquiera, pero en el contexto regional nada menos que modélica, ha estado bajo el asalto permanente de una patología de violencia pseudo-revolucionaria”.
• “Colombia no es un Estado fallido ni una democracia efímera, como podrían ser los casos de El Salvador y Guatemala, que requiere ser reconstruida desde sus bases. A diferencia de esos países, la política de Seguridad Democrática del presidente Uribe como la de Seguridad para la Prosperidad del presidente Santos han dado resultados extraordinarios en los niveles de inversión, crecimiento y reducción de la pobreza. El post conflicto no puede ni deber tratar de la reestructuración del Estado; de reformas de profundo calado como la Ley de Restitución de Tierras y de Víctimas, eso sí, pero no de desmontar el Estado para reconstruirlo a imagen de la guerrilla”.
• “La sociedad perfecta no existe, y si no que se lo pregunten a los suecos, la sociedad envidiada por todos que hoy está inmersa en una profunda crisis de identidad. Mezclar las agendas de la paz y del desarrollo perfecto puede generar problemas de eficacia y de legitimidad de los acuerdos de paz. El desarrollo es un proceso continuo, y no existe un momento preciso en el que se pueda decir que los cambios socioeconómicos son suficientes para no dar razón de fondo a un asalto contra el Estado”.
• “El fin del conflicto colombiano tendrá sin duda un impacto histórico también más allá de las fronteras nacionales. Si la Venezuela de Chávez se ha convertido en un narcoestado donde los seguidores del régimen son verdaderos señores de la droga, esto se debe a las relaciones privilegiadas que existen con la narcoguerrilla colombiana”.
• “Nadie espera que a muy corto plazo una paz celestial caiga sobre el campo colombiano; habrá guerrilleros que se resistirán a la desmovilización, y no es del todo imposible que nuevas versiones de bacrim aparezcan en el escenario. No obstante, el fin de la marca Farc es el momento oportuno para que Colombia desarrolle un propio concepto de Homeland Security (Seguridad Interior). Eso significa un despliegue distinto al actual de la Policía nacional; menos misiones netamente militares, y más misiones de protección cívica en el seno de la Colombia tanto urbana como rural”.
• “Es vital conquistar el apoyo de la población; por lo cual cuanto más utilizas la fuerza menos eres eficaz. Las mejores armas son aquellas que no disparan balas. Lo humano, lo psicológico y lo cualitativo prevalecen sobre lo material y lo cuantitativo”.