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Cinco mil soldados comprometió el presidente Santos a las Fuerzas de Paz de la ONU tras la solicitud que en ese sentido hiciera Barack Obama.
Además de su habitual función de salvaguardar acuerdos de paz, la ONU aspira a conformar batallones de despliegue rápido, bien armados y entrenados, para intervenir en conflictos donde la población civil esté llevando la peor parte. Fue el primer ministro canadiense Lester Pearson, ganador del Nobel de Paz, quien propuso que Naciones Unidas estableciera sus propias fuerzas de paz.
En general, los casos azules en zonas de paz no cumplen funciones más allá de monitorear, colaborar con desminado, operar como fuerzas de policía y reportar incidentes, pero en diversas zonas de conflicto abierto, las tropas de la ONU han sido impotentes frente a los desafíos. En Ruanda, los cascos azules belgas fueron espectadores de la masacre a machete de centenares de miles de tutsis a manos de hordas de hutus. En Bosnia, los cascos azules holandeses no sólo fueron espectadores pasivos de la masacre de Srebrenica sino que entregaron a las fuerzas serbias a decenas de musulmanes que habían buscado refugio en su campamento, quienes fueron posteriormente asesinados.
Las fuerzas de la ONU en el Golán, que supervisaban la frontera entre Siria e Israel, salieron en desbandada hacia Israel cuando combatientes de la filial de Al Qaeda los coparon en sus bases, poniendo fin a esa fuerza de paz que llevaba 40 años en la zona. Haití fue azotada por una epidemia de cólera “importada” por cascos azules nepaleses, mientras que tropas de la ONU presentes en conflictos africanos han sido acusadas de violación.
Actualmente unos 130.000 efectivos hacen parte de los cascos azules, desplegados en 16 operaciones, la gran mayoría provenientes de países asiáticos y africanos, para quienes su “periplo azul” les significa altos salarios y beneficios. La intervención de tropas de la ONU en zonas de guerra como Darfur, Malí, Congo, Sudán del Sur y República Centroafricana se constituye en “misión imposible”. Decenas de cascos azules han muerto y la guerra y las atrocidades siguen su curso.
La experiencia de Colombia en Fuerzas de Paz está representada en el Batallón Colombia, que desde 1982 hace parte de la Fuerza Multinacional de Observadores (FMO) encargada de supervisar los acuerdos de paz entre Israel y Egipto y que actualmente está acantonada a pocos metros de donde opera la organización Wilayat Sinai, la filial del Estado Islámico que en al menos tres ocasiones ha atacado la base de la FMO.
En la actual geopolítica anárquica, la irrupción de conflictos protagonizados por actores no estatales motivados por radicalismo religioso y el colapso de estados, pareciera esperarse demasiado de los cascos azules, máxime cuando no está claramente determinado el alcance de su mandato ni los objetivos de su misión.