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El 12 de febrero de 2010, con 102 años de vida y 21 de muerto, el señor José Gerstl Pirkel, natural de Alemania, vendió a don Manuel Povea Ospina 375.000 hectáreas en el departamento del Atlántico. Esta es la incomprensible historia de cómo un empresario se apropió de unos predios que habían sido abandonados a través de extrañas maniobras en notarías de Barranquilla .
El caso fue documentado por la Casa de Tierras, un cuerpo élite de investigación que reúne a todas las entidades que trabajan el tema. La investigación indica que el señor Povea falsificó títulos, compró notarios y realizó sospechosas transacciones con un inmenso predio que había sido adquirido por un ciudadano alemán y que 20 años después de fallecer aparece como vendedor del lote conocido como El Desengaño.
Dos frases expresadas por el superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez, resumen los hilos conductores de este caso: “Nosotros tenemos la historia de las tierras del país y vamos a esclarecer lo que ha pasado con ellas”, dijo Vélez en una entrevista con El Espectador. A renglón seguido, cabe otra expresión utilizada por el encargado de la Superintendencia: “Donde ponemos el dedo, sale pus”, dijo recientemente refiriéndose a los corruptos movimientos que se han llevado a cabo con las tierras desde las oficinas de registro y notarías de algunas zonas del país.
Corría el año 1980 cuando un veterano alemán, radicado en la ciudad de Barranquilla, abandonó unos predios que había comprado en las inmediaciones de Tubará y Baraona: se trataba de una poderosa hacienda que al poco tiempo fue tomada en posesión pacífica e ininterrumpida por unas familias campesinas asociada alrededor de Asocamverde.
Algunas de las familias que llegaron a ocupar los predios abandonados por Gerstl tienen escrituras de posesión y otras de adjudicación otorgadas por el Incoder, para ese entonces Incora.
Un buen día, Manuel Povea y sus apoderados, Erasmo Mendoza Nieto y Leonel Morron Naiguel irrumpieron en la zona y amedrentaron a sus pobladores con actos delictivos. Es el caso de Juan Carlos Gómez, quien tenía un parcela dentro del predio que los señores reclamaron como suyos y tuvo que salir desplazado de la zona.
El enigmático empresario asegura ser el nuevo dueño de los predios, en los que pretende construir una represa. La escritura pública 0419, otorgada el 12 de febrero de 2010 por la Notaría Décima de Barranquillada, lo da como propietario, pero la investigación de la Casa de Tierras indica que al parecer dicho documento es falso, pues el señor Gerstl había fallecido el 25 de junio de 1989 con 81 años, como lo muestra el certificado de defunción proferido por la Notaría Sexta del Circuito de Barranquilla.
El 10 de octubre de 2010, Povea y sus abogados se presentaron en El Desengaño con la intención de hacer ingresar la maquinaria para la construcción de la represa, pero uno de los campesinos se opuso y fue agredido, por lo cual instaló una queja ante las autoridades del municipio.
El 23 de septiembre de 2010 el abogado de Poveda solicitó al Incoder que se abstuviera de realizar la diligencia de verificación de medidas y colindancias argumentando que estos predios son propiedad privada.
Las carpetas empolvadas de las notarías del Atlántico, en donde reposan las resoluciones que le dan forma a este rompecabezas incompleto, marcan la ininterrumpida línea de vida de la tierra de este rincón del norte del país.
Las evidencias señalan que el proceso de compra de El Desengaño, un predio compuesto por 16 lotes, fue fraudulento, no sólo porque el registro de defunción del señor Gerstl establece que para la fecha el presunto vendedor no estaba vivo sino porque existen algunos cabos sueltos: un extraño certificado de supervivencia, expedido por la Notaría 22 de Cali, establece que el señor Gerstl está vivo. También se constata que el día en que Gertsl supuestamente vendió el lote tenía 102 años, había muerto hacía 21 y pagado la hipoteca del lote hace 11, además, durante la diligencia de transferencia de los títulos de El Desengaño el único que no presentó su cédula fue Gerstl. Por estas inconsistencias, el señor Álvaro Ariza, notario de la Notaría Décima de Barranquilla, enfrenta un proceso disciplinario. Todo indica que en este caso, lo que unió al Gerstl y a Povea fue la historia de El Desengaño.