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Son muchas las coincidencias entre la actual campaña electoral y aquella que precedió los comicios de 2006. Como en ese entonces, la campaña electoral se ha caracterizado por la creación o el fortalecimiento de partidos emergentes que, lejos de proponer mociones alternativas, avalan un sinnúmero de candidatos vinculados a escándalos de corrupción y parapolítica.
Partidos reconocidos por sus probadas alianzas con paramilitares y narcotraficantes, como Convergencia Ciudadana, Colombia Viva y Colombia Democrática, asegurarán su continuidad a través de la creación de las nuevas colectividades PIN y ADN. Mientras el Partido de Integración Regional (PIN) servirá como sombrilla a la facción principal de Convergencia, ADN recogerá sectores de Colombia Viva, Convergencia Ciudadana y Colombia Democrática.
Por su parte, los ya veteranos líderes de Apertura Liberal reaparecen, una vez más, a partir de la publicitada alianza con “la familia DMG”, una coalición electoral fraguada por David Murcia desde La Picota, que avala a líderes de la “familia DMG” como candidatos a la Cámara en 19 departamentos.
A este panorama se suma la resistencia de las élites políticas regionales, que pese a haber sido golpeadas por el proceso de la parapolítica, insisten en bloquear cualquier tipo de renovación e impulsarán las candidaturas de sus progenitores, hermanos, cónyuges y allegados. Se especula que volverán al ruedo clanes tradicionales, como el de los López Cabrales y De la Espriella, en Córdoba; los Vives y los Pinedo Vidal, en Magdalena, y los García Romero, en Sucre.
Mutan entonces los nombres de los partidos y cambian algunos de los actores que intervienen en el debate, pero los procesos de captura del Estado a manos de actores ilegales continúan.
Desde otras orillas, sin embargo, se registran candidaturas, listas y partidos enteros que le apostarán al cambio y a la transformación del ajedrez político. El Partido Verde Opción Centro impulsará las candidaturas de la ex concejal Gilma Jiménez, el ex gobernador de Boyacá Jorge Londoño y el actor Nicolás Montero. Y el candidato presidencial Sergio Fajardo cuenta con el ex secuestrado y ex congresista Luis Eladio Pérez, el ex ministro de Educación Germán Bula, el ex concejal e historiador Juan Carlos Flórez y el escritor David Sánchez Juliao.
No obstante los esfuerzos de las dos colectividades, es probable que la aglomeración de candidaturas de opinión no consiga pasar el umbral, como aconteció en 2006, cuando las candidaturas de opinión avaladas por los movimientos de Mockus y Peñalosa fracasaron electoralmente.
La solución al dilema podría estar en la unión de movimientos de oposición y la presentación de listas conjuntas que reuniesen a los candidatos fuertes que tengan posibilidades reales de salir electos en la contienda. Pero todo indica que tanto las inocuas discusiones partidistas sobre la conveniencia de moverse hacia la izquierda o hacia la derecha, como las absurdas rencillas entre facciones internas de cada colectividad, harán imposible las alianzas entre candidatos de la oposición.
La llegada a las elecciones de una oposición fragmentada no sólo abonará el terreno para una segura victoria de los grandes partidos uribistas, sino que hará más fácil el triunfo, en los niveles nacional y regional, de los partidos y políticos cuestionados por sus vínculos con la ilegalidad. Un triunfo que, lamentablemente, consolidaría el control de las mafias, los paramilitares y las guerrillas sobre el Estado colombiano, pues los candidatos que resulten electos como fruto de estas alianzas podrán legislar a favor de los intereses particulares de estos grupos.