Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Se ha vuelto noticia que usuarios del servicio Uber sean sitiados y amedrentados por algunos conductores de taxi.
No ha faltado el uso de la violencia, sumado al cabildeo y las amenazas de bloqueo al transporte por parte de algunos voceros del modelo tradicional de transporte.
Lo de Uber es apenas una muestra de las rupturas que el uso de las plataformas digitales puede provocar en modelos antiguos de negocios. Es posible que, durante algún tiempo, la oposición a la plataforma pueda retrasar el reconocimiento oficial a un servicio que los usuarios, en 54 países, aprecian como oportuno y amigable. Tarde o temprano, la plataforma se impondrá.
Uber es apenas uno de miles de casos de plataformas digitales que unen, de forma virtual, oferta y demanda. Son muchos los servicios que, día a día, se suman a la lista de las transacciones realizables a través de móviles y aplicaciones. Con más de 55 millones de suscripciones móviles, de las cuales alrededor de 30 millones cuentan con acceso a internet por vía móvil (suscriptores y abonados), Colombia es terreno fértil para el despliegue de las plataformas digitales en los más variados campos.
Fuera de las aplicaciones ya conocidas por muchos (compra de tiquetes aéreos y reservas de hoteles, movimientos bancarios, adquisición de música y películas, para citar sólo algunos ejemplos obvios), las plataformas del tipo Uber se multiplican.
¿Qué tal Airbnb? Cualquier hogar al que le sobre una habitación en buen estado, la puede inscribir en la plataforma, que cubre 192 países y 33 mil localidades. Del lado de la demanda, digamos que un alemán que desee viajar a San Agustín (Huila) se inscribe y encontrará una oferta de habitaciones para todos los bolsillos. El turista paga en la plataforma que, de manera similar a Uber, retiene un porcentaje (alrededor del 20 %) del valor de la transacción. Los gestores de Airbnb agrupan más de 800 mil propiedades en todo el mundo, con una característica: no han invertido un solo peso en finca raíz.
Como en Uber, Airbnb ha sido objeto de amenazas de gremios hoteleros tradicionales con argumentos similares.
Los ejemplos en el mundo y que irán llegando a Colombia, abarcan lo que se quiera: buffets privados de abogados, contadores, consultores; servicios médicos de emergencia, comida rápida gourmet, presidentes temporales de compañías (para la resolución de problemas específicos) o plataformas aparentemente banales como aquellas que ofrecen servicios como sacar el perro a sus diligencias, llevar la ropa a la lavandería, hacer el mercado, reparar el lavaplatos.
El Gobierno Nacional no puede equivocarse. Hay que reglamentar el cuento de Uber, quizás al estilo mexicano, fijando un impuesto. No debe caer en la trampa de considerar que se trata de un servicio de lujo. UberX es “normalito”. Si de verdad piensa en los usuarios, que las plataformas que alivian a la gente y que se asocian al buen trato y el servicio eficiente sean bienvenidas.