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Con El Quimbo en la cabeza

El caserío Veracruz, de 500 habitantes, será inundado para poder hacer la represa.

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Desde hace unos meses, Ligia Ospina, de 70 años de edad, sufre con las pesadillas que le ha provocado la posibilidad de que Veracruz, el caserío donde vive, sea inundado para darle paso al Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo, que construye desde hace dos años la multinacional Emgesa y con el que se espera producir 2.216 gigavatios por año para satisfacer las necesidades energéticas de nuestro país.

“Yo siento cómo el agua cae sobre mí y lo inunda todo: la casa y el potrero. Entonces me pongo con todas mis fuerzas a sacarla, pero no puedo, no puedo y cada vez hay más, hasta que me despierto cubierta de sudor”. Hace 50 años, Ospina, su marido y otras cinco familias fundaron Veracruz, una comunidad con 500 habitantes que Gigante, El Agrado y Rioloro (Huila) no han querido reconocer como suya. A ella se llega por una vía destapada y cruzando fincas arroceras, piscícolas y ganaderas. Algunas de ellas, dicen los lugareños, de las más ricas del departamento.

Ospina no quiere irse de Veracruz, se jacta de que allí no hay ladrones, no hay vicio. “¿Dónde encontraremos un lugar así, cómo indemniza usted está paz que se siente aquí?”, pregunta, y aprieta con fuerza el costado de la silla sobre la que se balancea. A unos metros de distancia de su casa hay un morro desde el que se divisa el río Magdalena y gran parte de la zona que, según el Gobierno, será inundada antes de que llegue el 2014. Bajando por la montaña se llega a un rancho de pescadores, ubicado a orillas del río. Allí hay una mujer que se queja porque se ha quedado sin trabajo y, según ella, los peces han huido, ahuyentados por las obras.

Con ella está Leonor Paredes, líder comunitaria que confesó que durante los últimos días no ha hecho otra cosa que hablar de El Quimbo. “Éste será el fondo de la represa”, comentó, y miró con nostalgia a unos niños que jugaban a la orilla del río. “Nosotros no estamos contra el proyecto, lo único que queremos es que la empresa cumpla con lo que se comprometió dentro de la licencia ambiental. Si eso pasara sería una bendición para nosotros. Pero nos dijeron que para este año el 90% de los pobladores de Veracruz habrían sido indemnizados y reubicados, y de aquí no ha salido nadie”.

Paredes, de unos 30 años de edad, corpulenta y vehemente al hablar, se quiebra por unos segundos. Dice que la incertidumbre de no saber cuándo inundarán Veracruz la tiene al borde de la locura y agrega que mucha gente se ha ido, que la escuela del caserío está vacía y que los dueños de las fincas se fueron, dejándoles los predios a sus mayordomos y sin empleo a cientos de personas.

Ese mismo sentimiento cobija a un grupo de pescadores y transportadores de la región, que se reunieron unos kilómetros hacia el norte, cerca al Paso del Colegio, viaducto que hasta hace unos meses comunicaba a Garzón y La Plata (Huila), pero que se averió —según los pobladores, por culpa de Emgesa, y según la empresa, por culpa del invierno—, razón por la cual quienes quieren cruzar de un lado al otro del Magdalena tienen que pagarle cerca de $2.000 a chaluperos de la región. Dentro del grupo hay un hombre que prefiere no revelar su nombre y se queja de que por culpa del desvío del Magdalena perdió su empleo, y al verse sin opciones decidió trabajar con la multinacional. “Terminó con el enemigo”, se burla uno de sus interlocutores. “De seguir así, a todos les pasará lo mismo”, sentencia él a modo de respuesta.

El desvío

Cuestionada con respecto al desvío del río Magdalena que tanta controversia ha generado, Emgesa es clara y dice que este tipo de obras no tienen afectación para los ríos y que la construcción de represas ayuda, entre otras cosas, a regular los caudales, lo que permite mayor seguridad para el control de crecientes. Además, el desvío se realizó “de acuerdo con los estándares de protección del medio ambiente”, comenta la multinacional, que sigue con las obras a pesar de las protestas.

Para la realización del desvío del Magdalena se retiraron los jarillones ubicados a la entrada y salida del túnel de desvío, removiendo cerca de 12.000 metros cúbicos de material. Por otra parte, 2.300 metros cúbicos de material fueron utilizados para construir la estructura de cierre que permite que el 100% del caudal del río pase por el túnel de desviación, con el fin de secar un tramo de cerca de 500 metros del lecho natural para adelantar obras referentes al muro principal del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo. Al respecto, Lucio Rubio Díaz, director en Colombia de la multinacional que construye la represa, dice que el desvío y todas las obras “no sólo contribuirán a garantizar la seguridad energética que el país requiere a futuro, sino que generará desarrollo para las comunidades y el departamento del Huila”.

Ante la incredulidad de los lugareños, EMGESA ha dicho que el 17% del presupuesto total del proyecto El Quimbo, equivalente a US$ 143 millones serán destinados para recuperación ambiental e indemnización de los perjudicados, quienes siguen esperando que la multinacional cumpla con esta promesa.

 

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