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En cambio, en temas de calentamiento global, Estados Unidos ha sido primero un objetor y luego un rezagado. En 2007, después de finalmente aceptar que los humanos están cambiando el clima, el gobierno de George W. Bush se declaraba listo para impulsar las negociaciones internacionales en Bali. “Nosotros lideraremos… Pero el liderazgo también requiere que otros sigan”, dijo un oficial. Fue una frase engañosa: el país siguió sin aceptar reducciones significativas en sus emisiones, un paso esencial para cualquier liderazgo. Como exclamó un activista ambiental en la misma cumbre de Bali: “Si no están dispuestos a liderar, por favor quítense del camino”.
En Copenhague, una vez más Estados Unidos se negará a liderar. Su propuesta de reducir sus emisiones por 3% comparado con 1990 es demasiado débil para exigir compromisos de otros. Las razones para esta posición son complejas, pero el resultado es sencillo: hay un vacío de liderazgo en las negociaciones. Así la comunidad internacional parece un salón de niños hablando entre sí mientras esperan la llegada de un profesor.
El que más ambición ha tenido de disfrazarse de profesor es la Unión Europea. La UE ha visto los temas verdes como una fuente de legitimidad doméstica e internacional: espera mostrar un poder blando para competir con el poder duro de los Estados Unidos.
Pero la estrategia ha sido infructuosa. Por una parte, la UE está debilitada por divisiones internas y problemas económicos. Por la otra, no es claro qué recursos tiene para fomentar un acuerdo fuerte en Copenhague. Ha intentado liderar con su propio ejemplo —poniéndose metas ambiciosas de reducción de emisiones y ofreciendo fondos a los países en desarrollo. Sin embargo, los otros países ya dan por sentado este relativamente buen comportamiento de la UE. Lo que sí cambiaría la dinámica de las negociaciones sería la conversión de un poder escéptico.
¿Podría una economía emergente como China liderar las negociaciones? Tal vez, pero como los Estados Unidos, ninguna parece dispuesta a hacerlo. Con algo de razón, los grandes países en desarrollo se niegan a hacer compromisos hasta que los países ricos hayan hecho mucho más.
En la ausencia de liderazgo por los actores fuertes han surgido esfuerzos por los actores débiles. La ONU, que facilita las negociaciones, promueve la campaña “¡Sellemos el acuerdo!”. Los países de la Alianza de Pequeños Estados Insulares —varios de los cuales desaparecerán con el aumento del nivel del mar— reclaman un acuerdo basado en la evidencia científica. Costa Rica y las Maldivas se han comprometido con ser “carbono neutral” antes de 2021. Pero estas voces tienen poca influencia.
Este diciembre, Copenhague estará repleto con más de sesenta jefes de gobierno, incluyendo a Obama, Merkel y Lula. ¿Para cuál de ellos el cambio climático es realmente la prioridad? Sobrarán líderes, faltará liderazgo. Y sin liderazgo, los esfuerzos para mitigar el cambio climático estarán lejos de la lucha que se necesita.
* Corresponsal de la BBC.