
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Colombia sigue sin ganar en el Mundial Sub-17 de Catar. Dos empates —contra Alemania (1-1) y El Salvador (0-0)— dejaron a la selección dirigida por Freddy Hurtado en una zona de riesgo dentro del Grupo G, obligada a vencer en la última fecha a Corea del Norte, el rival más en forma de la zona. El panorama, a falta de una jornada, no es tan alentador: la selección compite, lucha y defiende bien, pero no logra transformar ese ímpetu en resultados.
Desde el debut contra los alemanes, Colombia mostró una estructura sólida y valiente. Resistió los embates de un equipo superior técnicamente, golpeó cuando tuvo la oportunidad y se llevó un punto que, en principio, lucía valioso. Ese empate era una señal de carácter, un resultado que podía servir como base para crecer futbolísticamente en el torneo. Sin embargo, el duelo frente a El Salvador marcó un retroceso, no tanto en actitud, sino en efectividad.
El partido ante los centroamericanos fue un reflejo de las limitaciones ofensivas que han acompañado al equipo en este Mundial. Colombia dominó la posesión, jugó en campo contrario y generó múltiples opciones de gol, pero falló en la definición. No hubo contundencia ni claridad en el último pase, y la ansiedad se apoderó de los jugadores con el correr de los minutos. Lo que pudo ser una victoria cómoda terminó en un empate que complica las cuentas. Con solo dos puntos en el arranque, la clasificación dependerá del resultado ante Corea del Norte, un equipo ordenado, fuerte físicamente y con un estilo directo que ya dejó su huella goleando 5-0 a los salvadoreños y empatando con Alemania.
El contraste entre la eficacia de los asiáticos y la ineficacia colombiana es evidente. Mientras Corea del Norte convierte casi todo lo que genera, Colombia desperdicia sus mejores momentos. El problema no radica únicamente en los delanteros: hay desconexión entre la mitad de la cancha y el ataque. El equipo carece de un generador de juego capaz de romper líneas o de acelerar en los metros finales. En ese vacío creativo, las bandas se vuelven el único recurso, pero sin sorpresa ni precisión en los centros.

Aun así, el conjunto de Freddy Hurtado no es un equipo sin alma. Defiende con orden, tiene laterales comprometidos en la recuperación y centrales que se imponen en el juego aéreo. Frente a Alemania, Colombia resistió tramos de presión alta con solvencia; frente a El Salvador, evitó cualquier riesgo defensivo. El problema, sin embargo, está en el otro extremo del campo: la selección no logra transformar la intensidad en goles.
El Mundial Sub-17 siempre ha sido un escenario para descubrir talentos y medir el carácter de una generación. En ese sentido, el equipo colombiano ha mostrado garra, pero no la frescura ni la claridad que caracterizan a los planteles que trascienden. Falta fluidez en el mediocampo y sobra imprecisión en el área. Es un equipo que compite más con esfuerzo que con juego, y en torneos cortos eso suele pasar factura.
El panorama clasificatorio deja poco margen para el error. Con dos empates, Colombia necesita vencer a Corea del Norte para no depender de otros resultados. Si lo logra, podría avanzar como segundo o incluso como uno de los mejores terceros, pero si empata o pierde, el sueño de la segunda ronda se esfumaría rápidamente. La falta de gol —solo uno en dos partidos— es el gran obstáculo para creer.
A pesar de los números, el torneo aún ofrece una oportunidad. El fútbol juvenil suele premiar a quienes encuentran su forma justo a tiempo. Colombia ha mostrado compromiso, pero necesita una dosis de lucidez. Contra Corea del Norte no bastará con resistir ni con dominar sin eficacia: será necesario jugar con inteligencia, controlar la ansiedad y, sobre todo, concretar. El reto está en transformar la lucha en victorias. Solo así el equipo podrá devolverle al país la esperanza que, hasta ahora, su Mundial no ha conseguido despertar.
🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador