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Poco amigo de convencionalismos, con un discurso llano y una austeridad que conquistó al mundo, el presidente José Mujica promovió la regulación del mercado de la marihuana en Uruguay, una medida polémica que ha catapultado su popularidad internacional.
Ni luce ni actúa como un presidente. Al menos como el statu quo dice que debe hacerlo quien lleva las riendas de un país. A regañadientes ha incorporado un traje -sin corbata- para algunos eventos oficiales, pero lo habitual es verlo con ropa informal y zapatos que denotan su uso intensivo, cuando no está de boina y alpargatas, recién bajado de su tractor.
Lejos del estilo de su antecesor Tabaré Vázquez (2005-2019), oncólogo de profesión y primer presidente de izquierda del país, Mujica no tiene estudios universitarios, algo que según él mismo ha admitido causa bastante escozor en algunos sectores.
Pero tras su discurso en junio de 2012 en la cumbre Rio+20, en la que cuestionó el modelo de desarrollo y de consumo de las sociedades ricas, la prensa europea puso sus ojos en él y en su forma de vida, al punto que un medio internacional lo calificó como «el presidente más pobre del mundo».
A sus críticas al consumismo, este exguerrillero de 78 años que tomó las armas en los años ’60 y por eso estuvo más de una década preso, la mayor parte de ese tiempo en condiciones infrahumanas, ha añadido los llamados a la paz y a la reconciliación.
Así, se ofreció para mediar en el conflicto colombiano y en los enfrentamientos que han sacudido Venezuela los últimos meses, aunque su intervención no ha pasado de realizar llamados por la paz.
Adoración y críticas
A su peculiar estilo, se sumaron la despenalización del aborto y la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, consagradas bajo su presidencia, pero su impulso a la legalización de la producción y venta de marihuana -aprobada en diciembre pasado- llevó a la revista The Economist a elegir a Uruguay «país del año» 2013.
«Sin el decidido apoyo de Mujica esta ley no habría salido», dijo una fuente cercana al mandatario.
Mujica fue nombrado una de las 100 personalidades más influyentes del planeta de la revista TIME, ha sido postulado al premio Nobel de la Paz, es objeto de un documental del cineasta serbio Emir Kusturica –que sería estrenado cuando deje el poder en marzo de 2015– y ha recibido en su despacho a actores como Sean Penn y Glenn Close o la banda de rock Aerosmith.
En ese marco, en marzo anunció que aceptó un pedido de Estados Unidos para que el país reciba como refugiados a presos de la cárcel de Guantánamo, algo aún en negociación, y esta semana llamó a los uruguayos a dar asilo a niños sirios desplazados por la guerra en ese país.
Sin embargo, mientras su fama internacional crece, en este país sudamericano de 3,3 millones de habitantes las cosas no son iguales: la legalización de la producción de marihuana es rechazada por más de la mitad de la población y 47% de los uruguayos, según una encuesta de abril, está en contra de la posible llegada de presos de Guantánamo.
En general, solo 45% aprueba la gestión del presidente, dos puntos menos que en febrero, mientras que subió a 34% la desaprobación a su tarea desde un 29% en la medición anterior, sostiene una encuesta de Equipos Mori realizada en abril. El presidente uruguayo, que asumió en marzo de 2010, había comenzado su gestión con dos de cada tres uruguayos aprobando su desempeño.
En su último año de gobierno, el mandatario tiene aún una larga lista de proyectos que no logró concretar, desde obras de infraestructura hasta mejoras en la educación y la salud pública, mientras gran parte de la población reclama por el incremento de la inseguridad.