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Un pueblo fantasma

Una avalancha sepultó la aldea afgana de Ab-e-Barik. Van más de 300 muertos confirmados, pero las autoridades temen que miles más hayan perecido en el alud de tierra.

Imagen de archivo que ofrece una vista general del distrito afgano afectado por el alud.
Imagen de archivo que ofrece una vista general del distrito afgano afectado por el alud.

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Sobre las 11:00 a.m. (hora local), la aldea afgana de Ab-e-Barik fue impactada por una primera avalancha que arrasó con varias casas y cabezas de ganado, pero, al parecer ninguna persona. Cuatro horas después, mientras los pobladores intentaban rescatar sus pertenencias entre el barro y las piedras, el resto de la montaña terminó por desprenderse y ya no fueron sólo algunas casas y vacas, sino el pueblo entero el que quedó sepultada por 30 metros de tierra.

“Considerando el tamaño del desprendimiento, es muy probable que no haya sobrevivientes”, fueron las primeras declaraciones de un portavoz de la gobernación de Badakhshan, provincia en la cual se ubica Ab-e-Barik, un pueblo que, al parecer, dejó de existir en unos pocos minutos.

El tamaño de la tragedia apenas comenzaba a ser evidente el viernes en la tarde: los cálculos de la ONU estimaban que al menos 350 personas habían muerto. Pero estos números eran evaluaciones preliminares, pues la vasta mayoría de los más de 2.000 habitantes de la aldea continuaban desaparecidos durante las primeras horas de las tareas de rescate. Shah Waliullah Adeeb, gobernador de Badakhshan, pintaba un escenario mucho más cruento, por decir lo menos: “Creo que está más allá de las posibilidades humanas siquiera sacar todos los cuerpos”.

El punto más negro de la tragedia es que el pueblo completo haya muerto y ese punto parecía estar acercándose a medida que las tareas de rescate se dificultaban por la topografía del lugar, cercado por la cordillera Hindukush, una de las más elevadas y agrestes del planeta, y las fuertes lluvias que en las últimas semanas han dejado más de 100 personas muertas en la región.

En palabras simples, “más afganos han muerto en los últimos siete días por cuenta de desastres naturales que en todo 2013”. La declaración es de Mark Bowden, el funcionario de más rango de la ONU para tareas humanitarias en Afganistán. La organización estima que varias aldeas más en el distrito Argo (el mismo de Ab-e-Barik) están en riesgo de sufrir un deslizamiento de tierra gracias a las fuertes lluvias, además del deshielo de primavera de los glaciares.

Aunque las carreteras hacia la zona del desastre aún estaban abiertas, funcionarios del gobierno afgano dijeron que el tránsito de maquinaria pesada estaba interrumpido, lo que le restaba tiempo precioso a los rescatistas de Ab-e-Barik.

Bajo la coordinación de la ONU, el viernes se estaban enviando 60 toneladas de arroz, 10 de azúcar y 130 de harina para las víctimas del alud, así como los demás desplazados que han dejado las lluvias de las últimas semanas; las autoridades también repartirán dinero en efectivo.

Aún si la cifra de víctimas fatales no sube, el gobierno afgano aseguró que este sería el peor desastre de su tipo en años. Según cifras oficiales, en las provincias del noroeste de Afganistán hubo, para finales de abril, 148 muertos por inundaciones, 60 desaparecidos y más de 10 mil desplazados; en algunos distritos de esta región, el 85% de la población se vio afectada por las lluvias.

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