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Cambiarlo todo para que nada cambie

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CAMBIARLO TODO PARA QUE NADA cambie, decía Tomas de Lampedusa en El gatopardo.

Y es que los países que hicieron revoluciones en la búsqueda de una mayor igualdad económica y social y de independencia política han tenido procesos que hasta cierta medida han terminado en lo mismo. Una clase dirigente cada vez más rica, mucha corrupción y nuevamente una pequeña élite poderosa que maneja el país.

China y Rusia han llevado a cabo revoluciones en las que han logrado beneficiar parte de la población, pero la gran mayoría todavía se encuentra en la pobreza. China es hoy en día una gran potencia económica con una riqueza que se ha quedado en pocas manos y la gran mayoría de población vive todavía con salarios de subsistencia.

Todo cambió, pero es lo mismo; otras caras, pero siguen existiendo ricos y pobres, grandes diferencias sociales, falta de libertades, entre ellas las de expresión. Y nos preguntamos si las revoluciones fueron hechas por unos ideales de un mundo mejor en las que después lo que primó fueron unos individuos como Stalin o Mao, que en el fondo beneficiaron a los suyos.

Cuba es otro ejemplo, y ahora con la apertura de relaciones con Estados Unidos hay que ver cómo no caen en lo mismo. La revolución se da contra el gobierno de Batista, con una corrupción rampante que privilegiaba los intereses norteamericanos y la élite reinante. Hoy hay otra élite, el Estado es el gran empleador y aspiran los cubanos a que con la apertura de relaciones con Estados Unidos y la llegada de turismo e inversión extranjera logren un incremento en sus ingresos y mejoren su nivel de vida. La gran pregunta es si mejorará la vida de todos los cubanos o igualmente será sólo para algunos.

El Estado es el gran empleador y en las inversiones público-privadas que hacen en turismo, los salarios son pagados al Estado, que sólo les paga el equivalente de 20 euros mensuales; su único incentivo son las propinas, pero esto no sigue siendo suficiente para vivir.

Todavía queda mucho por definir sobre la política económica, especialmente en los temas relacionados con la inversión extranjera. Lo primero que está llegando es el turismo y eso implicará una nueva infraestructura y la necesidad de unas reglas de juego claras que beneficien al cubano común.

Hay esperanza, pero ojalá esa esperanza no quede en frustración y que todo el cambio y el sufrimiento que ha tenido el pueblo cubano no terminen en que en el fondo nada cambió y todo sigue igual.

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