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Por su muerte echaron a mi esposo

El 9 de abril de 1948 Ana Lucía Díaz de Rodríguez estaba en su casa. Allí escuchó la noticia: Mataron a Gaitán. Hoy, a punto de cumplir 84 años, rememora esos días en Bogotá cuando la gente enloqueció por la muerte de su caudillo, mientras ella, que también lo lamentaba, lloraba porque no sabía de su esposo, un suboficial de la Policía.

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No es fácil para ella. No sólo por su memoria que ya con los años no ayuda, sino también por los recuerdos. La del 9 de abril es una imagen que no quiere traer muy cerca de su almohada. El fuego, los gritos, los cuerpos son sueños que con esfuerzo había dejado en el pasado.

“Salió por las noticias. Dijeron que habían matado al doctor Gaitán, ahí, en calle 14 con la Séptima. Dijeron que le habían disparado, lo repetían y la voz del (hombre) de la radio como que me impresionaba, se oía como agitado y parecía que se iba a quedar sin aire. Me asusté mucho, no podía creerlo. ¡Qué hacía que lo había acompañado la última vez!

Yo lo conocía. Al comienzo sólo de vista, después, él iba a almorzar a donde yo trabajaba, cocinaba algunas veces en la casa de doña Lorenza (Villegas de Santos). Muy buen hombre, muy caballero y se comía todo lo que se le servía. Como alcalde fue bueno. Ahí fue que mucha gente lo comenzó a querer. Les dio zapatos a los basureros, a los niños de las escuelas. A varios familiares y amigos más de una vez les colaboró.

Lo llevaron herido a la Clínica Central que era ahí arribita, en la calle 12 con carrera sexta, y ahí se murió. Por la radio decían que no saliéramos de las casas, pero yo no sabía nada de mi esposo, Leonidas. Él era suboficial de la Policía y hasta mi casa llegó el chino de los Cárdenas, unos campesinos de Boyacá a los que les tenía arrendado un casalote, y me dijo que estaban matando policías. Al que veían uniformado lo mataban.

La última vez que vi a Gaitán fue en un desfile desde la calle séptima hasta la 26. Yo fui con dos amigas que ya murieron, y con una antorcha caminamos hasta el Parque Nacional. El mismo 9 de abril traté de salir de la casa, quería ir al cuartel, pero sólo llegué hasta la Caracas. Yo vivía arribita del Cementerio Central, en la calle 28, y cuando salí era horrible. Desde ahí hasta el Parque de San Diego estaban como locos, se metían a robar las panaderías, todo. Algunos salían con bultos a la espalda y les disparaban. ¿Para qué? Las balas se quedaban en el trigo.

Ni quisiera acordarme. Al día siguiente me fui temprano para el centro. ¡Qué aguaceros tan terribles. Virgen Santísima! Por la tempestad no se acabó Bogotá. Así lloviendo tuve que ir al cuartel, en la quinta con Séptima. Con una amiga, Mercedes, nos tocó a pura pata desde la 28 hasta la octava. Qué carro ni qué nada, habían quemado hasta los tranvías.

Había una señora del San Bernardo que tenía en la calle 14 con décima una venta de salchichas. No se podía entrar, por el arrume de cuerpos a la entrada. En el cuartel me dieron mercado porque yo no tenía encima ni un centavo y un salvoconducto para poder volver a la casa. Eso me libró porque al otro día hubo problema por los uniformes de mi esposo.

Y por fin pude hablar con Leonidas. No le fue tan mal, lo acuartelaron, no estaba de guardia a la hora que mataron a Gaitán y por eso se libró. Y llueva. Fue horrible volver a mi casa. Vimos con Mercedes pasar un camión y nos fuimos detrás. ¡Cómo había de muertos! Vi cómo los botaban cual perros en el cementerio, mujeres embarazadas, de todo. Ahí vi también a un muchacho compañero de Leonidas, tirado en el cementerio.

Al que no le fue tan bien fue a Agustín, mi cuñado. Él era informador en el Ministerio de Gobierno, preciso al frente de la Central. Cuando se supo de la muerte de Gaitán, la turba se fue con todo contra el edificio. Cuenta él que gritaban “De aquí  salió la consigna” y después… los disparos.

A todos los trabajadores les tocó salir por un solar. Primero sacaron a las mujeres, que se aventaron por un muro, y luego salieron los hombres. Eso fue a las cuatro de la tarde y la lluvia no paraba. Eso les valió para que se pudieran escapar. Ahora dicen que la Policía ayudó a los ladrones. Por lo menos con mi esposo, eso fue mentira.

Fue mucho susto. Leonidas se demoró nueve días en volver. Comida tampoco había y éramos como ocho en la casa. Entonces los Cárdenas se robaron una vaca en la Avenida 28 y repartieron la carne. Yo fui al entierro de Gaitán. Desde la clínica lo llevaron hasta su casa. Había mucha gente. Es que si no lo matan, él hubiera sido presidente.

Todo lo que sufrimos con Leonidas y para qué. Echandía le echó la culpa a toda la Policía y a mi esposo que no hizo nada lo terminaron echando. Después del 9 de abril, nos tocó comenzar de nuevo.

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