Publicidad

Las mujeres de la ropa vieja

Desde hace 20 años, en un tradicional sector del centro de la ciudad, cientos de manos femeninas son las encargadas de darles nuevamente vida a las prendas usadas.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Una tarde de martes, mientras María Cristina Gutiérrez se tomaba un tinto caliente en una cafetería del sur de la ciudad, oyó que sus vecinos de mesa hablaban de un lugar llamado Plaza España. Uno de los hombres le contaba al otro que esa mañana había llevado una bolsa de ropa vieja al mercado y le habían dado diez mil pesos, así, sin más. Por ese tiempo, María Cristina había acabado de llegar de Manizales, no tenía dinero y estaba buscando trabajo. Ese mismo día le contó a un amigo lo que había escuchado y decidieron ponerse en la tarea de recolectar algunas camisas que ya no usaban. A la mañana siguiente llegaron a la plaza, se acercaron a los ropavejeros y cada uno salió con doce mil pesos en la mano.

Desde ese día, Gutiérrez se dedicó a llamar a sus conocidos y a los amigos de sus amigos, y se iba días enteros por los barrios de la ciudad pidiendo ropa usada. En las tardes llegaba a la carrera 11 con calle 18 e intercambiaba sus bolsas de ropa por billetes. En este ejercicio, se dio cuenta de que los ropavejeros, después de comprar las prendas, se las daban a un grupo de mujeres que se encargaban de dejarlas como nuevas. Para ese entonces, María Cristina ya era conocida entre los comerciantes y, cuando logró reunir lo necesario para comprar una máquina de coser, la dejaron asentarse con los otros 339 ropavejeros de la Plaza España.

Así, ya han pasado más de 20 años en los que ha planchado, lavado y cosido incalculables toneladas de ropa usada. Ella, al igual que las demás mujeres del lugar, se ha convertido en pieza clave de este negocio, en el que “lo que no les sirve a los demás sí nos interesa a nosotros”. Como dijo Gonzalo Ángel, uno de los ropavejeros, “las mujeres dentro de la plaza cumplen un papel muy importante. Nosotros no tenemos ni idea de poner un botón o planchar una camisa, no sé que haríamos sin ellas”.

Este tradicional mercado nació hacia la década de los 80 y en un principio estaba ubicado dentro del parque como tal. Con la administración del alcalde Enrique Peñalosa, los ropavejeros fueron reacomodados en uno de los edificios que rodean la Plaza España. Sin embargo, las necesidades económicas los llevaron a venderles sus locales a los comerciantes de San Andresito y terminaron quedando sin lugar en donde trabajar. Tiempo después, el Instituto para la Economía Social (IPES) volvió a reubicarlos en un lote aledaño a la plaza y hoy en día trabajan en carpas que les arrienda el IPES por 30 mil pesos mensuales.

Desde su nacimiento, el mercado de la Plaza España ha sido uno de los lugares más económicos para conseguir ropa. Los fines de semana llegan madres y abuelas con sus nietos buscando ropa buena y barata. “Como tengo tantas niñas, acá me queda más fácil comprarles los uniformes del colegio”, comentó Myriam Aristizábal, quien esa mañana había madrugado desde su casa en Soacha para conseguir los mejores saldos. Allí los compradores pueden conseguir camisas desde tres mil pesos, pantalones a seis mil, chaquetas de cuero a 20 mil y zapatos desde cinco mil.

A pesar de que en la plaza existe una amplia oferta de todo tipo de prendas, María Cristina Gutiérrez asegura que ella no se preocupa por la competencia. “Yo ya tengo mi clientela”. Por lo general, los ropavejeros les entregan la ropa a las mujeres por toneladas y ellas les cobran los arreglos dependiendo del peso. “De todas formas, si me encargan trabajos particulares también los hago. Por coser el cuello de una camisa, por ejemplo, cobro 500 pesos”.

El intercambio

En el negocio de la compra y venta de ropa usada de la Plaza España se entretejen distintas modalidades de intercambio. La más tradicional es la conocida como “saldeo”, que es la ropa que la gente recolecta en los barrios o que compra en las casas curales, y es llevada cada tarde hasta la plaza. Según Francisco Huertas, un antiguo ropavejero, esta mercancía se la venden mayoritariamente a los comerciantes que vienen de los pueblos. “Ellos compran en grandes cantidades para luego revenderla. También, se vende mucho a los obreros y mecánicos. Lo que más sale es el conjunto completo: zapato, pantalón y camisa por $10 mil”.

Otra de las modalidades del mercado es la comercialización de ropa de marca americana. A este negocio se le conoce como “paca”, porque así llega la ropa. Cada bulto está seleccionado según el tipo de prenda, hay pacas de camisetas, pantalones y sacos, y en cada una vienen entre 100 y 150 prendas. Los paquetes están divididos por categorías: la A es la de mejor calidad y la C la de menos. Dependiendo de la marca y el estado de la ropa, varía el precio. “La mayoría de las veces la gente que vive en Estados Unidos se encarga de pedir ropa usada allá y se la mandan directamente a los familiares acá en Colombia”, explicó Gonzalo Ángel.

Según Inés Elvira Roldán, directora del IPES, “esta es una economía absolutamente divertida, porque lo que ellos hacen es totalmente impensable”. La Plaza España, además de ser uno de los principales centros de acopio de ropa antigua de la ciudad, reúne la tradición popular de finales del siglo XX. Es un lugar donde convergen personas humildes, jóvenes que buscan ropa “vintage”, familias de clase media que prefieren ahorrarse unos pesos y comerciantes intermunicipales que han encontrado en la ropa usada un buen negocio. Un espacio en donde por más de 20 años la tradición de recolectar, arreglar y vender ropa usada se ha convertido en una forma de ganarse la vida.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido