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A PROPÓSITO DE LOS ERRORES QUE hace más de 20 años se cometieron en la implementación de los acuerdos de paz firmados entre la guerrilla y el Gobierno de El Salvador, Deysi Cheyene, exmilitante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), le dio a este diario una inquietante entrevista en la que concluye que, hoy, su país es “más violento y desigual que antes del conflicto”.

Eso es justamente lo que tenemos que impedir que nos suceda. Por eso vale la pena analizar detenidamente lo que dice Cheyene. Según ella, el error fundamental en El Salvador radicó en “que las partes pactaron renunciar a la posguerra como un período histórico que implica definir políticas para reconstruir un país devastado por el conflicto(…) Los acuerdos incluyeron un decreto según el cual estábamos en paz y reconciliación(…) No hablar más de la guerra significó que el Estado no se ocupó en una política de salud mental, justicia y memoria”.Está claro que en un país como Colombia, donde cerca del 40% de la población ha padecido algún problema mental (la mayoría ansiedad y depresión, y los otros sicosis y esquizofrenia), lo peor que se podría hacer es enterrar el conflicto sin antes sanar sus secuelas y sus heridas. Por eso enfocar el posconflicto desde el punto de vista de nuestra salud mental es una prioridad absoluta. Y, hasta ahora, nadie que se sepa ha hablado de eso. Agrega Cheyene que la parte del acuerdo salvadoreño que se refería al conflicto económico y social quedó muy débil, pues se estableció “crear un foro económico y social integrado por gente del Gobierno, de los movimientos sociales, de la empresa privada, para (desarrollar) un nuevo diálogo que enfrentara los problemas económicos y sociales, (y) a los cuatro meses el foro dejó de funcionar”. Y en el tema agrario tampoco se cumplió: el compromiso de crear “un código(…) que resolviera la tenencia de la tierra, quedó en el papel”. En ese aspecto, el desafío del Gobierno colombiano es gigantesco. Los acuerdos de La Habana establecen, por ejemplo, que se cree un banco de tierras mediante el cual todas se incorporen al catastro y paguen impuestos; se formalicen los títulos de los terrenos de los campesinos; y se realicen programas ambiciosos de infraestructura y de desarrollo rural, de manera que ellos tengan salud, educación y disfruten de niveles de vida similares a los de los citadinos. ¿Ya el Ministerio de Agricultura empezó a implementar esos acuerdos? Ministro Iragorri: usted no puede esperar a que se firmen para desarrollar esa tarea: el resultado del reciente censo agropecuario demuestra que el atraso de nuestro campo es vergonzoso y que todo está por hacerse. Y, como si fuera poco, el año pasado El Salvador tuvo los niveles de homicidios mayores de su historia. Según Cheyene, hoy hay allá “una guerra social en la que las fuerzas en pugna están vinculadas (…) al crimen organizado”. Y eso ha vuelto más complejo el panorama, “porque esas fuerzas no tienen un proyecto político, pero actúan con estrategia militar, lanzan ofensivas y controlan territorios”. Y esa guerra social, concluye la líder salvadoreña, “está vinculada a la no asunción de la posguerra. Cuando uno desmonta un conflicto y cree que al día siguiente tiene paz, está cometiendo el mayor de los errores”. ¡Preocupante realidad! Pero muy importante de ser tenida en cuenta, no porque no haya que hacer la paz sino, al contrario, porque hay que hacerla muy bien hecha.

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