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El secreto de una estrella

El argentino, invitado al Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia, les aconsejó a los realizadores tener piel de rinoceronte para soportar las frustraciones.

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En un festival dedicado a México y a su historia, la revolución la ha causado un argentino. Todos los días y durante horas la entrada del hotel en el que está hospedado Juan José Campanella, director de El secreto de sus ojos, El hijo de la novia, El mismo amor, la misma lluvia y Luna de Avellaneda es un lugar casi tan visitado como la misma Plaza Central o el Parque de la Chinca. Fanáticos de todas las regiones del país, cinéfilos consagrados y promesas de la filmografía nacional llegan hasta allá para conseguir un registro al lado del ganador del Premio Oscar 2010, en la categoría a la mejor película de habla no inglesa.

El argentino accede a todo. Es la estrella mediática más importante del evento y a la admiración que siente el público por él, ahora le quiere sumar una importante dosis de cariño. Los únicos momentos en los que no es tan fácil disponer de su charla, es cuando está en los talleres con los jóvenes realizadores audiovisuales del país. Durante ese momento, su encuentro es íntimo con ellos. Les habla del cine, pero también hace énfasis en la vida y les cuenta que cuando empezó a profesionalizarse en el séptimo arte en Nueva York, una profesora les dijo a 70 alumnos, que de esa cantidad tan sólo uno llegaría a ser director, y que aquel que sintiera que no era ese uno, lo mejor que podía hacer era retirarse y ahorrarse tiempo, dinero y, sobre todo, frustraciones.

“En el cine, el consejo número uno es tener piel de rinoceronte”, afirmó Campanella durante una charla con los periodistas Sara Gómez y Henry Posada, ante quienes confesó que su primera revelación fue el simple hecho de querer hacer cine. El enamoramiento de su arte le viene desde pequeño, porque creció antes de la llegada de la televisión a color y del video y tuvo la suerte de ser testigo de la propagación de las salas de barrio, una de las principales características porteñas durante las décadas del 60 y el 70.

Además de ver cada película más de diez veces, Juan José Campanella encontró en el libro Así se hace cine, de Rose Tony, la motivación más importante para no volver a la facultad de ingeniería y dedicarse por completo al arte, un oficio que hasta ese momento aprendió en prolongadas sesiones nocturnas. Las enseñanzas de esas páginas, las instrucciones de sus profesores, todos señalados en la lista negra de la dictadura, y la difícil tarea de escuchar el instinto, hicieron que el argentino comenzara a pensar en imágenes.

“Desde los primeros años yo he tratado de desaparecer de las películas y hacer que la audiencia que más me interesa, esa que no es cinéfila y que simplemente no sabe que es fanática de este arte, se acerque a mis propuestas”, comentó Campanella, para quien cuando se trata de escribir, prefiere hacerlo en bares y en cafés; pero si la indicación es producir, entonces el mejor rincón es la oficina. Extrañamente, en los sitios públicos es donde mejor lograr aislarse. Ahí puede ver la vida pasar y esa sensación lo mantiene pleno.

Para este argentino, que ha disfrutado mucho de su estadía en Santa Fe de Antioquia porque le parece un lugar exótico y, además, porque le dicen maestro, cosa que no pasa ni con sus alumnos en Buenos Aires, Federico Fellini es la antítesis de lo que él ha querido hacer con el cine, porque el italiano siempre llamó la atención sobre el director. “Al genio se lo perdono y se lo admiro. Hay que ser Fellini para hacer eso y hago un llamado a los directores para que nos ubiquemos en nuestro lugar. Creo que lo que más me cautiva de Fellini es que incluso con su exuberancia visual no olvida los pequeños detalles, ni las situaciones humanas”, puntualizó.

En sus talleres a puerta cerrada, como en los encuentros masivos con el público y durante los diálogos generosos con la prensa, Juan José Campanella ha dicho que ya no ve casi cine, que prefiere la lectura y la experiencia enriquecedora de compartir con su hijo; que colecciona discos de bandas sonoras (su preferido es sin duda Nino Rota) y que el guión de El secreto de su ojos fue concebido con la estructura de una sonata. Manifestó también que quiere filmar algo en Santa Fe de Antioquia, porque no tiene ángulo malo y puede lanzar la cámara al aire y sin importar el lugar en el que caiga, tendrá un plano estético y único. Cuando haga ese registro recordará que pasó por aquí y que en un Festival de Cine en el que el invitado era México, un argentino se encargó de provocar la revolución.

 

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