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El congresito es un globo aerostático

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La semana empieza con la palabra congresito sonando tan duro como un campanazo de alerta. Aunque el presidente Santos tiró la idea sin mucho detalle, la sola aproximación a la creación de un grupo de legisladores para darle velocidad a la aprobación de lo acordado en La Habana hizo poner a gran parte del país con los pelos de punta. No sólo la ambigüedad de lo anunciado, sino también los recuerdos de la revocatoria del Congreso en el 91 prendieron todas las alarmas.

¿Quién lo formará? ¿Cómo se formará? ¿Sólo legislará sobre lo acordado en La Habana? ¿Tendrá miembros de las Farc? ¿Fue esto impuesto en Cuba por los miembros del secretariado? Son todas preguntas válidas.

Lo primero que salió mal de esta propuesta es el mismo nombre que el mandatario le otorgó y que luego trató de explicar el senador Roy Barreras. Aunque caminaba como pato, sonaba como pato, y parecía un pato, el legislador explicó en su gira de medios al final de la semana pasada que no se le podría llamar pato, es decir, congresito, y que era mejor llamar la iniciativa, comisión legislativa.

El debate completo de todo esto está por comenzar, la discusión del nombre del mecanismo es tan solo la punta del iceberg. Lo que está verdaderamente en juego es cómo hacer para que lo que con tanto esfuerzo se está acordando en la mesa de diálogo, no termine siendo rechazado por un Congreso cada vez más difícil de manejar por parte del Gobierno o por la misma ciudadanía que en cada encuesta se encarga de demostrar lo impopulares que son las conversaciones con las Farc. La mención del congresito por parte del presidente es apenas una parte de la estrategia para blindar, legítimamente, el paquete de reformas necesarias para poner en marcha el producto de las conversaciones.

Así sea que el congresito no se llame congresito y que la comisión legislativa tenga limitada desde su concepción la posibilidad de revocar el Congreso y marcadas sus funciones para sólo dedicarse a los temas de La Habana, podría tener la ventaja adicional de funcionar como mecanismo indirecto de refrendación popular de lo negociado. Me explico: si se eligen o escogen congresistas para hacer parte de este grupo, estos de entrada ya son representantes de la sociedad y por lo tanto vía indirecta estarían representando la aprobación o el rechazo popular de los temas en discusión. De hecho, en entrevista con RCN La Radio el presidente dijo que para él ya están descartadas las propuestas de una Constituyente o de un referendo, al considerarlas inconvenientes.

El presidente Santos habla en telegrama. Da frases contundentes que dan pistas claras de dónde va el barco. Como periodista y político sabe el valor de las palabras. La propuesta de un congresito es un globo, pero aerostático, capaz de volar muy por encima de todo y lograr su objetivo final, el de alejar el proceso de paz de sus francotiradores. Pero se pueden hacer todas las jugadas en ley que se quieran y lograr la aprobación de lo acordado en La Habana en sus tiempos. Si el pueblo no está de acuerdo sinceramente con lo negociado, en un abrir y cerrar de ojos todo se puede destruir. La historia de la negociación de conflictos nos muestra que si el pueblo no aprueba lo negociado, el acuerdo está destinado a morir.

Por eso, en realidad, los únicos que nos pueden convencer de que la paz es verdadera y legítima son las Farc. Los gobiernos van y vienen. El verdadero perdón y la real reconciliación son los que cierran las heridas. Las Farc deben reconocer que la guerra no es contra el estado, es contra un país que los rechaza.

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