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Un paseo por las cloacas

Más de 200 operadores están encargados del mantenimiento del sistema de alcantarillado de la ciudad. Cuando las lluvias aparecen, las aguas represadas y los malos olores multiplican los reclamos a la Empresa de Acueducto de Bogotá.

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Las uñas, que antes lucían largas y simétricas, están quebradizas por el agua y el uso de los guantes. El esmalte rosado también está carcomido. Ahora que trabaja haciendo el mantenimiento del alcantarillado de Bogotá, el rostro de Dina Luz Gallo está repleto de pecas que antes, cuando era secretaria, no tenía. La piel también está más tostada, más delicada. Por eso siempre carga en los bolsillos del overol unas pastillas que le formuló el dermatólogo y protector solar.

Ella comenzó a trabajar bajo el suelo de Bogotá, rodeada de basuras e inmundicias, hace apenas siete meses. Aunque casi todo el mundo diría que su labor es la peor del mundo, ella se defiende. Dice, por ejemplo, que en ninguna parte tendría la estabilidad laboral que tiene hoy. Dina es administradora de empresas, contadora y técnica profesional en secretariado general.

Antes de ser operadora de alcantarilla, trabajó seis años en las oficinas del sindicato de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Pero, en busca de un trabajo estable y un contrato indefinido, se bajó de los tacones que solía usar para ponerse unas botas que la protegieran del agua y los desechos de las alcantarillas. Se bajó del maquillaje y las faldas y las medias veladas.

Cuando llegó a la empresa, Dina hacía parte de la cuadrilla de construcción, un equipo encargado de reparar las tuberías, canales e interceptores que recogen las aguas lluvias y residuales (el alcantarillado de esta ciudad de más de ocho millones de habitantes, está conformado por 8.429 kilómetros de redes).

Hacía las mezclas, cargaba ladrillos, "le pasaba los alimentos al maestro", cuenta. Ahora apoya el trabajo de los ayudantes quinto y cuarto, quienes operan el vactor: un carro azul, enorme, llamado también elefante, que tiene los equipos de succión y presión para limpiar y desatascar los pozos.

A las ocho de la mañana llega al trabajo. El encargado de su cuadrilla, el señor Alberto Sabogal López, recibe una planilla con los reclamos de la comunidad. El carro en el que trabajarán esta vez es un vactor modelo 2007. "Aquí Z5 (zona en la que van a trabajar: localidades Kennedy y Bosa). Muy buenos días, quedamos QAP. Kilometraje 91.00, voy a atender boletines de la zona", dice Alberto, por radioteléfono, a la central de información. La primera parada es en el barrio Kennedy Tequendama. La queja proviene de una unidad residencial de edificios viejos y desteñidos. A la entrada, un pozo de aguas negras represadas despertó "un olor a todo menos a bueno", dice uno de los trabajadores.

Abren el pozo. Sacan del carro la manguera de succión. Dina saca un labial rosado. Repasa sus labios una y otra vez con el humectante porque también se lo recomendó el doctor. Después toma el control de la manguera. Hernando Fagua, otro de sus compañeros, se prepara para ingresar al pozo. Recuerda que la primera vez que lo hizo fue hace siete años, cuando presentó la prueba práctica para entrar a trabajar allí.

LA PRUEBA

El video de 15 minutos explicaba las instrucciones básicas para entrar al pozo de agua negras. Esa era la prueba que Hernando Fagua Pulido debía superar para trabajar en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Se vistió con un overol impermeable amarillo, guantes de caucho, casco, gafas plásticas, respirador de gases y tapaoídos. Entró en el pozo. El agua le llegaba al cuello. Tenía que encontrar la válvula de escape para que el agua bajara de nivel. Sumergió el brazo, palpó las paredes mohosas, por fin encontró la válvula y la retiró.

El mismo ejercicio de aguas negras, basura y "olor a todo menos a bueno", se repetiría durante siete años, hasta hoy, cuando Hernando se viste con el traje amarillo y baja al pozo, de unos tres metros. Al mismo tiempo, Dina introduce la manguera succionadora y sigue las órdenes que le da Hernando. Cuando él baja la mano repetidamente, ella disminuye la presión. Así, hasta que la máquina se traga toda la basura que está obstruyendo el paso del agua. Él se pone el dedo índice en los labios y ella silencia la máquina, que hace un ruido infernal. Esta vez, "la mota" -como llaman ellos a la bola de mugre- no incluía ratas ni perros muertos ni partes humanas ni fetos atravesados. El problema esta vez era una capa de asfalto que seguramente, dicen ellos, arrojaron allí algunos obreros que estaban pavimentando las calles. Ellos, y los zorreros y los recicladores, son los principales culpables del represamiento de aguas negras y lluvias.

Hernando sale del pozo. Dina toma la manguera de agua a presión, que también utilizan para la limpieza de canales e interceptores, y apunta sobre el traje amarillo y mugriento de Hernando. Después del aseo de los trajes, de los instrumentos de trabajo y de las manos, otra vez vuelven al camión. Ya todo ha pasado por el chorro potente de agua, pero el olor sigue impregnado al carro, a la piel, a Dina, a Hernando. La próxima parada es el barrio Class (Kennedy). Seguramente la inconforme es la misma vecina de siempre, la de la esquina, la que se queja del olor, del agua que desborda los pozos. Seguramente, también, el motivo será el de siempre: los escombros que dejan los constructores que llegan para arreglar las calles y desarreglar el sistema de alcantarillado. Después, la cuadrilla irá a almorzar, ignorando el olor impregnado en todas partes. Ya se acostumbraron a comer, a vivir con él. Les tocó acostumbrarse porque esta es una de los pocas empresas, asegura Dina, que todavía ofrecen estabilidad y buena retribución económica. A los recién llegados, a los ayudantes rasos, 790 mil pesos. Y a los operadores técnicos que tienen más de 15 años de experiencia, como Alberto Sabogal, el conductor del vactor, el doble.

Operativos para la época invernal

La Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá realizó algunas obras para disminuir los riesgos de inundaciones: adecuación hidráulica en el río Tunjuelo, trabajos de mantenimiento y limpieza del sistema de alcantarillado, recolectó más de ocho mil toneladas de basura y desechos de quebradas y ríos, sondeó cerca de 2.500 alcantarillados en puntos críticos de la ciudad, limpió 150 kilómetros de canales de aguas lluvias. Además, durante la temporada de invierno estarán en alerta más de 200 operarios con maquinaria especializada para atender cualquier emergencia o reclamo.

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