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Al acecho del violador

La violación de una mujer en cercanías de Chía la semana anterior, pone de nuevo sobre el tapete un tema cada vez más preocupante y doloroso.

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Pocas veces la Policía Nacional fue tan efectiva como la semana pasada, cuando más de 130 agentes persiguieron y acorralaron a los autores de un atraco carnal contra cuatro jóvenes en inmediaciones del cerro de La Valvanera, al norte de Bogotá. El caso, denunciado por las víctimas, aterrorizó una vez más a la ciudadanía. El jueves, sobre las seis de la tarde, los cuatro sospechosos fueron condenados en primera instancia a 20 años de prisión, luego de haberse declarado culpables.

La historia fue conocida por los medios de comunicación el mismo día de los hechos. Una de las ultrajadas llamó de su celular a sus familiares, y éstos, a su vez, se comunicaron con una emisora de radio. Luego todo fue indignación, odio, rabia e impotencia. Las cifras comenzaron a aparecer, crudas y dolorosas. Durante el último año, las violaciones contra menores de edad se multiplicaron. Si en 2006, 1.077 niñas menores de 14 años habían denunciado que alguien las había violentado sexualmente, en 2007 fueron 2.169.

El acceso carnal violento contra mujeres en números absolutos evidenció que en 2006 hubo 5.582 denuncias. Un año más tarde, la cifra era de 5.837. En cuanto a los hombres, los casos también aumentaron, de 1.034 a 1.060, aunque en una y otra variable habrá que considerar, como lo explica la teniente Tatiana Castillo, “que puede ocurrir que lo que haya crecido sean las denuncias y no las violaciones. Hoy las víctimas se atreven más que antes, pues saben que se encuentran más protegidas”.

Este cambio de actitud, según la psicóloga Diana de Suárez, se debe a un cambio de comportamiento general de los adultos con respecto a los menores, y sobre todo, a las víctimas. “Antes no se les creía, o no era conveniente creerles, pues la mayor parte de los violadores son conocidos, y de éstos, muchísimos son familiares”. Según datos del ICBF, el 80 por ciento de los abusadores son cercanos a los niños —padrastro, 21%; papá, 13%; conocido, 10%; tío, 6%; abuelo, 6%; primo, 8%; hermano, 5%; familiar que cuida al menor, 4%, y amigo, 3%—. Por otra parte, siete de cada 10 delitos de este tipo son cometidos en la casa del menor.

El cambio de actitud también es atribuido a un mayor conocimiento del problema, que ha encontrado especial eco en los medios de comunicación, el Congreso, las organizaciones sociales y los jueces, entre otras razones porque cada día no sólo más casos salen a la luz, sino porque hay más evidencia psiquiátrica en el sentido de que los abusadores sexuales son un peligro para la sociedad porque la mayoría no tiene rehabilitación. “Está demostrado que en la edad adulta es imposible que un pederasta se regenere, de manera que en la vida puede abusar de más de tres mil niños —sostiene la psiquiatra Isabel Cuadros—. La recuperación sólo es posible si el problema es tratado durante la adolescencia”.

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