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«Londres tenía a Jack el destripador. Chicago tenía a Al Capone. Esta ciudad industrial tuvo a su propio hijo infame: Pablo Escobar». Con esa frase inicia el artículo publicado en The Wall Street Journal.
El medio asegura que «Un tour de cuatro horas cuesta US$30 y lleva a los turistas a la tumba de Escobar, la casa donde fue asesinado a tiros por la policía y a una casa en las colinas donde vivió antes de su muerte. Allí los visitantes conocen a Roberto Escobar, el hermano mayor de Pablo».
También se puede advertir la posición de la subsecretaria de Turismo de Medellín, Madeleine Torres, quien asegura: «Sabíamos que de entrada no podíamos prohibir los tours. Sin embargo, temíamos que los paseos promocionen precisamente aquello de lo que estamos tratando de alejarnos, la conexión que tan a menudo hace la gente entre Colombia y la cocaína».
Según el texto, Torres envió a empleados de incógnito a los tours, los cuales concluyeron que en general Pablo Escobar es descrito como un despiadado asesino.
Por su parte, un operador turístico defendió las excursiones argumentando que Escobar es parte de la «rica y colorida historia» de Colombia.