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El discreto retorno del Merlot

Hugo Sabogal
08 de agosto de 2015 – 06:08 p. m.

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Había una vez una noble y suave variedad de uva que contaba con miles de adeptos en todo el mundo.

 Entre los años 70 y mediados del 2000, los tintos elaborados con la uva Merlot carecían de rivales en Estados Unidos, Europa y Asia. “Merlotmanía” se llamaba esa fiebre incontenible. La preferencia por tan amigable tinto obedecía a dos razones principales. Una era su suavidad y textura delicada. Esto hacía que armonizara con una amplia selección de platos —desde carnes rojas y blancas hasta algunos pescados—; no había mejor compañero que el Merlot. Y la segunda razón era su precio. Se conseguían etiquetas desde $15.000 hasta muy por encima los $100.000, dependiendo del productor y del origen. Sin embargo, esto equivalía a decir que existían versiones ligeras y no muy bien ejecutadas.

En parte, por eso vino la debacle: había demasiado Merlot y demasiado mediocre. A partir de 2004, tras la proyección de la película estadounidense Sideways, que despotricó contra el Merlot, la uva y su vino cayeron en un abismo sin fondo. Pero así como la película denigró del Merlot, también ensalzó las merecidas virtudes de los vinos hechos con la Pinot Noir, una cepa escasa, que entrega vinos delicados, elegantes y seductores.

Las extensiones plantadas en el mundo con la uva Merlot se redujeron y cientos de bodegas dejaron de elaborarla. Hoy sigue resultando casi imposible conseguir una botella de Merlot, sin importar su precio. El Pinot Noir, en cambio, saltó a la fama, pese a la dificultad que implica su elaboración. La uva, como tal, es muy sensible en el viñedo y ni qué decir en el proceso de vinificación. De tal suerte que las cantidades de Pinot Noir disponibles nunca compensaron la caída del Merlot. Ocurrió lo previsible, o sea, la aparición de sustitutos que ofrecían la facilidad de consumo del Merlot, a precios moderados. Fue entonces cuando el Malbec argentino irrumpió con fuerza en todos los mercados, y ahí se mantiene.

Es poco probable que la renegada variedad gala vuelva a recuperar el terreno perdido, pero las últimas cifras y tendencias apuntan a un renacimiento de los Merlot de calidad, principalmente en aquellos países que, como Estados Unidos, lo llevaron al pináculo y al purgatorio en menos de treinta años. Lo más interesante es que sólo han quedado con vida aquellos Merlot excelsos que nunca desaparecieron. Reconozco que es difícil encontrarlos, pero, por lo mismo, la nueva Merlotmanía radica ahora en la excelencia. La uva Merlot es una de las más representativas del suroeste de Francia, donde se elaboraron algunos de los tintos más admirados del mundo. Su territorio natural es la margen derecha del río Gironda, en la provincia de Burdeos. Nombres como Pomerol han estado ligados a la elaboración de los mejores Merlot, con exponentes como Château Petrus y Château Le Pin. Otros grandes bordeleses de Médoc y Saint-Émilion incluyen porcentajes importantes de Merlot en su composición, con excelentes resultados. Ahí están, por ejemplo, Château Latour y Château Cheval Blanc. Según las investigaciones ampelográficas en Burdeos, la Merlot es una de las progenitoras de la Cabernet Franc, uva plantada no sólo en Burdeos sino en el Loira, y hoy inspiradora de increíbles vinos tintos en Argentina. Igualmente, la Merlot tiene parentesco filial con la Malbec y la Carménère.

En Chile, a mediados del siglo XIX, cuando se inició la primera modernización de los vinos del país sudamericano, se importaron sarmientos de todas las cepas franceses, incluidas la Merlot y la Carménère. Algunos de los mejores Merlot del Cono Sur se elaboran justamente en el país austral. Aunque muchas bodegas del mundo dejaron de elaborar Merlot, algunas de las casas chilenas se resistieron a la tentación de arrancar los viñedos.

Para vivir el nuevo renacimiento, recomiendo los Merlot de Marqués de Casa Concha, Casa Lapostolle Cuvée Alexandre, Montes Alpha y Tres Palacios Cholqui. Son fieles a la variedad y bien hechos. En el caso de Argentina, donde la uva entrega lo mejor de sí en la Patagonia, sugiero explorar los Merlot de bodegas como Humberto Canale, Saurus y Chacra Mainqué, aunque el Merlot de Rutini, en la parte alta de Mendoza, tiene su propia e interesante historia. Todas estas marcas están presentes en Colombia. Sin embargo, dudo mucho que se encuentren en tiendas de vinos y en cartas de restaurantes. Eso sí les aseguro que, gradualmente, la fiebre que se vive en Estados Unidos y Europa con el Merlot terminará por sumar a unos cuantos de nosotros.

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