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Antes de polemizar sobre los nuevos impuestos para cubrir el vacío de $3 billones en el sector de la salud, vale la pena recordar que este sector está en crisis por manejos de corrupción, bautizados como el carrusel de la salud, donde las pesquisas iniciales arrojaban el nombre del expresidente de la EPS Salucoop Gustavo Palacino como principal ejecutor de las irregularidades y que con ayuda de políticos de turno desfalcaron este sistema por un valor cercano a los $2 billones, según investigaciones hechas por la Contraloría, lo que en su momento fue denunciado por la doctora Morelly.
Pero no se han vuelto a escuchar mayores pronunciamientos por parte de la Fiscalía, ente encargado de adelantar dichas investigaciones. De acuerdo con las soluciones propuestas para cubrir dicho déficit, el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, expone que la reforma tributaria tenga en cuenta modificaciones para evitar las omisiones de pago de aportes, aumento en los porcentajes de cotizaciones y crear nuevos impuestos, pero ¿por qué no, a la vez, mirar la necesidad de mejorar el sistema de inspección y auditoría por parte de los establecimientos de vigilancia y control que deben monitorear y custodiar el erario público que nos cuesta a todos los ciudadanos cumplidores de nuestros obligaciones de pagar impuestos al Estado? Deberíamos exigirle a la Fiscalía agilizar las investigaciones y conocer dónde están los culpables de tal perla de corrupción, dónde están los dineros cercanos a dos billones con el fin de recuperar parte de dichos dineros o por lo menos poder visualizar sanciones ejemplares para estos personajes que, teniendo el privilegio de presentarse ante la sociedad como personas preparadas profesionalmente para obtener altos cargos gerenciales donde debe de primar la ética y mentalidad de trabajo social, actúan sin ningún temor y vergüenza a la orden de la avaricia y del brazo de la corrupción como una tarea normal, intrínseca en las funciones a desempeñar. La única forma de avanzar en la guerra contra la corrupción son las sanciones que recuerden que hay un Estado fuerte capaz de desmantelar y castigar de manera contundente a los culpables de tal degeneración en el sector de la salud, ya que a las espaldas de ellos van ciento de personas víctimas de servicios deficientes. Eliana Alva. Sobre los taxistas Hasta ahora nadie se ha referido a este asunto como un sistema integrado por usuarios, taxistas, propietarios de los taxis y la reglamentación al respecto. Son claras las quejas de los usuarios frente a los taxistas. ¿Pero sabemos las condiciones laborales inequitativas en las que deben moverse los taxistas? Conozco en Cali taxistas a quienes a veces no les queda un peso después de hacer la entrega al dueño del taxi, lavarlo y tanquearlo, y han trabajado todo el día. Una clásica forma de explotación laboral que a minTrabajo parece que no le interesa. Es evidente que para optimizar este sistema hay que tocar todos los elementos del mismo, sin dejar afuera una buena dosis de educación cívica para todos. Miguel Arce. Cali. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com