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No sería exagerado decir que el verdadero arranque de la presidencia de Gustavo Petro fue en Nueva York. Vale decir, se había posesionado el 7 de agosto, había nombrado gabinete y había hecho sus primeros anuncios y anunciado ya lo que será el rumbo de los próximos cuatro años. Pero su primer discurso en la ONU fue el escenario en el que definió el rumbo de su mandato, su estilo y su carácter. Con la diferencia, claro, de que la audiencia no era solo nacional: también fue su presentación ante la comunidad internacional.
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Tanto el discurso del presidente en la ONU, como las reacciones y las presentaciones de muchos de sus colegas, demuestran que los tiempos actuales son un escenario complejo y de cambio. Hoy parece lejana la figura tradicional del mundo bipolar y en blanco y negro de la guerra fría. El escenario global es delicado porque no son claros los caminos inmediatos, ni está consolidado, ni son claras las reglas de juego aceptables, ni dónde están los actores moderados. En el caso de Colombia, tampoco es evidente cuáles son sus aliados más cercanos.
El presidente Petro dio algunas puntadas sobre su visión del momento y sus perspectivas al futuro. Le han cuestionado no haber llegado a la reunión con el mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, en un espacio protocolario y con amplio público. Pero se necesita una mirada más compleja y profunda. ¿Cuál es la nueva agenda? ¿Qué ofrece -y como se ve- la región latinoamericana? ¿Cuáles son las reales alternativas que tiene Colombia en sus relaciones exteriores?
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Llama la atención que los asuntos predominantes en los últimos años pierden terreno. Parecería, por ejemplo, que la democracia misma ha perdido su gran atención de varias décadas. Como si hubiera desencanto o pérdida de credibilidad frente a ella. Lo cierto es que el consenso tradicional en torno al “menos malo de los sistemas políticos” parece haberse debilitado, lo cual marca un escenario muy diferente al de la última década del siglo pasado. Ni qué decir sobre los consensos propios de los años de cambios de siglo: la democracia y los derechos humanos tienden a perder terreno. Siguen encabezando varias agendas y concentrando discursos públicos, por supuesto, pero no avanzan hacia un concepto universal y de consenso como se creía que iba a ser después de la guerra fría.
Un escenario global, en síntesis, cambiante y cambiado, al cual llegó el presidente Gustavo Petro a presentar su visión de lo que está ocurriendo. Llegó como portavoz legítimo de un proyecto de innovación. Parecería que el mandatario colombiano considera que sus proyecto interno encaja con el mundo alterado por las nuevas corrientes. Petro tiene intensiones de entrar nuevos rumbos, pues al fin y al cabo es el primer mandatario colombiano que no proviene de las fuerzas políticas tradicionales y se encuentra con un mundo que también busca alternativas novedosas.
En varios campos. Según Juan Tokatlian, “a diferencia de los presidentes anteriores, Petro cubrió un conjunto de temas inusualmente amplio” en su discurso en Naciones Unidas. Y un tema no tan menor: lo hizo en un tiempo cuidado –treinta minutos- lo cual demuestra que el tiempo en los discursos no es el mejor indicador de la importancia de su contenido. A diferencia de sus antecesores en el cargo, Petro recorrió un conjunto de asuntos inusualmente amplio.
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Y fue audaz. Hace apenas pocos años habría sido impensable que un presidente –y más aún de Colombia- presentara en forma clara una imagen tan crítica sobre la “guerra contra las drogas”. Y en consecuencia, una visión tan franca sobre su escepticismo sobre la conveniencia de seguir con la misma estrategia que después de tantos años no ha logrado sus resultados prometidos. Se le fue la mano en algunos conceptos –llamó genocidio a la guerra contra los estupefacientes- pero abrió una puerta para ampliar el debate hacia la búsqueda de estrategias más efectivas que las del pasado. No echó mano de frases políticamente correctas para suavizar su escepticismo: más bien asumió que la guerra contra las drogas ha fracasado y que, en consecuencia, se necesita encontrar otros caminos.
También dejó clara su mirada crítica sobre los planteamientos dominantes en materia ambiental. Lo que hizo el presidente fue un llamado a la búsqueda de paradigmas renovados. Dijo Petro: “este gobierno, sin el kilométrico rabo de paja, tiene el margen para plantear los problemas reales”. En el plano global, el mandatario tocó puntos sensibles de la agenda del momento –Irak, Libia- como los padecimientos normales de los migrantes: el maltrato que padecen. Al fin y al cabo, Colombia es un país con más de 10 por ciento de su población por fuera de sus fronteras.
Habría que ver qué tipo de seguimiento tendrá el discurso en Nueva York. Y las reacciones que provocará en un momento más propio para la reflexión. ¿Qué seguimiento tendrá la agenda en el interior y en el exterior?
En todo caso, la presentación en sociedad de Gustavo Petro le sirvió al presidente para mostrarle a la comunidad internacional que había visto a muchos de sus antecesores pasar por la Asamblea de la ONU en Nueva York, que sus intenciones de buscar nuevos rumbos para la política exterior van en serio. Habrá que ver, desde luego, qué viene ahora: la profundización del discurso y la capacidad de ponerlo en práctica.
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