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Sobre el crecimiento de Bogotá

Antieditorial
02 de agosto de 2015 – 09:00 p. m.

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En relación al editorial del 15 de julio del 2015, Bogotá: ¿crecer o no crecer?, quisiera proponer algunos elementos complementarios a los argumentos allí presentados.

La ciudad y la región necesitan con urgencia la configuración de una estructura ecológica principal – EEP. Ésta es un sistema de áreas con valores ambientales presentes en el espacio de origen natural y antrópico, construido y no construido, que interconectadas dan sustento a los procesos y las funciones ecológicas esenciales y a la oferta de servicios ecosistémicos (actuales y futuros) para el soporte de la biodiversidad y del desarrollo socioeconómico y cultural de las poblaciones en el territorio.

La ciudad cuenta con cerca de 96 mil hectáreas protegidas, en distintos niveles de conservación, y requiere, de acuerdo con los estudios recientes de vulnerabilidad al cambio climático, al menos la adición de 23 mil nuevas hectáreas a la EEP existente. Se requiere también el manejo del arbolado urbano, la recuperación de quebradas tributarias del río Bogotá, la restauración de casi 4 mil hectáreas de bosques altoandinos y más de 20 mil de páramos que actualmente están muy intervenidos.

Pero, como si este esfuerzo descomunal no fuese suficiente, la ciudad y la región requieren de la incorporación al sistema regional de áreas protegidas de casi un millón de nuevas hectáreas para garantizar la regulación del agua que surte los sistemas de abastecimiento de la EAB – ESP para más de 10 millones de personas en la Sabana de Bogotá, que se espera superen los 14 millones en 2040, una fecha aparentemente lejana para los tiempos humanos, pero a la vuelta de la esquina en tiempos de la naturaleza.

Se requiere con urgencia la recuperación de áreas para el manejo integral del río Bogotá (según sentencia del Consejo de Estado), el manejo del corredor de conservación del recurso hídrico Chingaza– Páramo de Sumapaz -cerros orientales-Páramo de Guerrero-Páramo de Guacheneque; la conectividad ecológica con el sistema montañoso del occidente de la Sabana de Bogotá; la conectividad ecológica con los ecosistemas de importancia hídrica de la Sabana de Bogotá y el altiplano cundiboyacense; los ecosistemas secos y subxerofíticos localizados hacia Soacha y Mosquera.

La estructura ecológica principal de Bogotá y la región debería constituirse como un “Fondo de Activos Ambientales” que podría asumirse como una empresa mixta, con participación del Estado y de los particulares, manejada y operada de manera descentralizada, logrando así que se impongan límites a los usos del suelo. Podría también internalizar las externalidades y garantizar que los beneficios creados por la naturaleza y la sociedad en su conjunto se distribuyan de manera más equitativa. También puede invertir en las tecnologías que deben contribuir a la solución de los problemas sociales urgentes como el abastecimiento de alimentos sanos.

Juan Mira*

* Asesor en Dirección de Políticas y Sistemas de Información Ambiental de la Secretaría Distrital de Ambiente.

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