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Este 2015 marcará una pauta respecto a lo que será la presentación colombiana durante la eliminatoria para Rusia 2018.
Con Bedoya durmiendo y Lezcano al lado de Pékerman —¿quién y cómo lo acreditó?, ¿qué cargo ejerce en la Federación el empresario Pascual Lezcano?— para fungir como representante de Colombia, las balotas determinaron que Perú, en Barranquilla, y Uruguay, en Montevideo, en la primera doble jornada; Chile, en Santiago, y Argentina, en Curramba, serán los cuatro equipos que les medirán el aceite a las aspiraciones nacionales. Un calendario duro, difícil, con equipos buenos y en buen momento.
La preocupación no puede ser ni la ida ni la vuelta. La única preocupación es el plan de trabajo que se haga y la forma en que lleguen los jugadores a octubre y noviembre. Corregir a tiempo es una obligación y el cuerpo técnico y la Federación tienen que proyectar un derrotero claro en el que no se pueden volver a cometer los errores vistos en la Copa América.
Francisco Maturana y Leonel Álvarez perdieron sus puestos en los tres primeros partidos de las últimas eliminatorias por los malos resultados. Pékerman debe tener claro que, de los 12 puntos en disputa, mínimo tiene que conseguir el 50% para estar metido en la pelea en una clasificación que es larga, cambiante, la más pareja de los últimos años, como se demostró en Copa América.
Está prohibido convocar jugadores lesionados o en mala condición física. Ese cuentico de recuperarlos en la competición no es válido. No está permitido adjudicar titularidades por el nombre, llámese como se llame, por más que el técnico se sienta en deuda. No son válidos los inventos tácticos.
Colombia requiere con máxima urgencia de una solución para marcar la punta izquierda, porque el ciclo de Armero debe terminar. El jefe de la coreografía no tiene lugar en este momento en la selección. Es urgente buscar un volante que enlace la recuperación con el armado. Contra los peruanos se requiere alguien que le dé una mano a James en la creación.
Es fundamental que a Cuadrado le hagan un lavado de cerebro para que vuelva a ser el jugador colectivo de antes y no ese trompito bailador que elude hasta su sombra, que no le presta la pelota a nadie y que en lugar de descongestionar siempre busca las zonas pobladas.
Del fracaso de la Copa América deben haber quedado lecciones que el cuerpo técnico tiene que aprovechar. Pékerman es lo suficientemente inteligente y capaz como para hacer borrón y cuenta nueva.