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La personalidad de Claudia Gurisatti se dejó sentir en la entrevista del martes pasado con el presidente de la República. Ya su presencia, muy activa últimamente en el medio televisado, ha repercutido en un mayor equilibrio, al sustraer los informativos que dirige de la opinión unánime.
Enfrentada al presidente Santos, en fastuoso escenario, fue capaz de un contrapunteo poco común entre el periodista o la periodista y el máximo poder ejecutivo. Santos no arrolla al interlocutor, dada su singular dificultad para articular las palabras y apela más bien a frases cortas de cadencia rotunda. No hay que callarlo, él mismo se interrumpe y contribuye al diálogo con una sonrisa amigable. Su estirpe democrática y su cultura inglesa le impiden la chabacanería de los dictadores vecinos, pero no lo eximen del peligro de imitarlos.
La escena era como del Elíseo. Gran parte de la decoración del viejo palacio de la Carrera es francesa y tal parece que la entrevista se llevó a cabo en ese costado oriental de la que es hoy Casa de Nariño. Allí lucieron el presidente en traje clásico impecable y Claudia, inteligente y bella, en silueta como si hubiera sido delineada a lápiz. Son pormenores que interesan, pero el diálogo era de la mayor expectativa, cargado como estuvo con varias primicias, cuyo cumplimiento está por verse.
El presidente quiso sorprender a la periodista con un pliego que le pasaron con sus más recientes trinos, a manera de acusación colegial. Tal y como si le hubieran descubierto a la díscola alumna los comprimidos de un examen. La periodista aguantó la sorpresa y no se amilanó; respondió, como lo hizo todo el tiempo, con soberana altivez.
A su vez, la Gurisatti hizo patinar a Santos en el tema de Unasur. Ella le preguntó repetidamente por qué se designó a esa organización socialista, émula de la OEA, como verificadora de la cesación bilateral del fuego. Santos contestó que se buscó en Uruguay, a cuya Cancillería se le solicitó un verificador, el cual por casualidad resultó estar vinculado a Unasur. Como dicen en colombiano: para creerle. La entrevista siguió tras este bache.
A la hora de escribir no conozco la respuesta de los negociadores de la guerrilla al anuncio presidencial sobre las curules del congreso, para acceder a las cuales no habría circunscripción especial. También se le oyó decir al mandatario que habría de todas maneras penas privativas de la libertad, tema que atormenta a muchos, no tanto, por cierto, a este columnista. Exigencias que se han hecho más rigurosas en los últimos meses, en coincidencia con la visita del señor fiscal a los despachos de Washington.
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Si se comparan los pronunciamientos enfáticos de la guerrilla y los puntos rojos del presidente, inamovibles, los enemigos de la paz estarían en La Habana.