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Tictac, tictac

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Las Farc actúan como si el plazo para llegar a un acuerdo fuera infinito y como si tuvieran respaldo en la opinión del país. Gran error. Son dos premisas equivocadas que, ahora que el diálogo pasa por un momento delicado, deben cambiar.

El tiempo es definitivo. Tres años después, y cuando hay un evidente desgaste en la opinión pública, cada día que pasa es una razón adicional para que la gente no crea más en el buen espíritu de los acercamientos y asuma que la guerrilla está jugando con la buena fe, o generosidad ciega dirían otros, del presidente Santos, para armarse, recuperarse y fortalecer sus estructuras de narcotráfico.

El problema de esa premisa errada de la guerrilla sobre la percepción, como se ha advertido en múltiples oportunidades desde esta columna, es que lo que piensa la opinión pública sobre los diálogos es determinante. El pueblo colombiano será la voz que confirme o no lo que se negocie en La Habana. Durante una sesión de preguntas y respuestas con el presidente Santos la semana pasada, por Twitter, le pregunté si estaría dispuesto a buscar un camino alternativo a la refrendación pública del acuerdo, teniendo en cuenta que cada vez es peor la percepción que se tiene de las conversaciones. El mandatario, por la misma vía, me dijo que los acuerdos tendrán algún tipo de refrendación y que los colombianos tendrán la última palabra. Es decir, a final de cuentas al que hay que convencer sobre la calidad, buena fe y sostenibilidad de los diálogos es al pueblo, no al Gobierno, como las Farc equivocadamente piensan.

En cuanto a los tiempos también hay un problema práctico para las Farc. El presidente Santos tiene fecha de salida de la Casa de Nariño y difícilmente habrá alguien tan convencido de este proyecto como él. La guerrilla tiene que entender que debe avanzar rápido con las negociaciones para llegar a un acuerdo dentro de este período administrativo y que también alcancen los días para la refrendación y la puesta en marcha de lo acordado en la mesa. Si son inteligentes, no deben dejar nada de esto para el próximo gobierno, porque nadie les asegura que el sucesor de Santos mantendrá la misma línea.

Las Farc no se pueden quejar de la manera como el Gobierno ha llevado el barco de la negociación. La actual administración ha sacrificado incluso su capital político para empujar avances en la mesa. A la gente no le gusta Santos por culpa del proceso. Punto.

Ahora, el Gobierno no es la gente, y la gente sí está exhausta. Nadie quiere esperar más. Cada día que pasa se suma a la esquizofrenia colectiva que se hizo evidente con la explosión de los dos petardos en Bogotá. Si las Farc no se dieron cuenta de que la gente les echa la culpa de todo y que está buscando un pretexto para presionar por el fin de los diálogos, entonces están ciegas y sordas.

Ahora que se decanta nuevamente el desescalamiento del conflicto y se marcan pautas para acelerar los diálogos en Cuba, es importante que las Farc entiendan que el reloj se mueve cada día más rápido en su contra. Es ahora o nunca. Hay quienes, como la revista The Economist, que por gran parte de este proceso apoyó el diálogo, ahora están pidiendo plazos e incluso ofertas finales por parte del Gobierno. Se está acabando la paciencia y el presidente tiende a oír mucho a la prensa, sobre todo si es internacional. Ojo, señores de las Farc, el reloj hace tictac y difícilmente habrá una oportunidad como la actual.

Twitter: @lcvelez

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