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To-con-paz

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Las explosiones de la semana pasada en Bogotá sirvieron para mostrarle la cara a todos los que en realidad están en contra del proceso de paz.

Se trató de una gran oportunidad para, como dicen en la calle, verle las orejas al burro. Inmediatamente se conoció la noticia de las detonaciones, múltiples actos mostraron los verdaderos colores de una sociedad que evidentemente dice una cosa y actúa de una manera diferente. Empiezo en casa, con los medios de comunicación. La mayoría rápidamente apuntó a que las autoras de la acción coordinada eran las Farc. En los programas de la noche se vio a los expertos en seguridad de siempre decir que esa guerrilla era la culpable, no sin antes medir las consecuencias que a mediano plazo producen este tipo de referencias inmediatas. Segundo: dos de los candidatos a la Alcaldía de la capital. Viajaron a la velocidad del rayo hasta el lugar de los acontecimientos para que los entrevistaran y dar su versión de los hechos. Una de hígado y no de razón. Una muestra más de que, cuando de campaña se trata, primero está el yo y de último la sociedad. Una triste paradoja.  Tercero: la oposición. Siguiendo su línea tradicional, no perdió la oportunidad para señalar que cualquier acción violenta es culpa del Gobierno, de su debilidad y generosidad con la guerrilla. Para ella la mano fuerte es lo único que sirve. Cuarto: los borregos. Esos mismos que inundan las redes sociales y los mensajes de texto con párrafos así: “La mejor amiga de mi tía es la esposa del general y ella asegura que las Farc se van a tomar Bogotá¨. No saben que diseminando esta clase de información falsa lo único que hacen es contribuir con el efecto final del terrorismo, que es asustarnos a todos. Quinto: el Gobierno. La administración Santos se ha jugado todo por la paz, pero en este momento el jefe de la casa debe estar al pie del cañón. Al problema de comunicación que ha prevalecido en su gobierno no puede sumarse el fenómeno de ausencia, por muy importantes que sean los viajes agendados. Sexto: las Farc. No faltaba más. Esta no es una defensa de las Farc. Son unos bárbaros asesinos, incoherentes y descarados. A su larga lista de récords macabros, con los recientes atentados a la infraestructura petrolera, sumaron otro: haber logrado el mayor daño ambiental en la historia reciente del país. Ustedes y solamente ustedes son las principales enemigas del proceso. No han podido entender que son las principales beneficiarias. Con sus ataques, arrogancia y discursos guerreristas han terminado de echarse al país encima. No han podido capitalizar el hecho de tener a sus líderes sentados en las cómodas mesas de La Habana para hacer bien lo que tanto dicen querer hacer: política. Es una lástima. Por su culpa todo este esfuerzo de reconciliación nacional vive en una urna de vidrio barato que cualquier piedra puede romper. Ustedes encabezan la lista de to-con-paz: todos contra la paz. Ojo. Las investigaciones todavía están en curso y por ahí resulta que en efecto las bombas las pusieron las Farc, aunque ya el propio presidente y las autoridades han señalado preliminarmente que todo apunta a que la acción coordinada provino del Eln, pero el solo hecho de aventurarse a señalar como reflejo inmediato a los sospechosos de siempre a estas alturas de las negociaciones es, a lo menos, una acción irresponsable que perjudica irremediablemente el proceso de paz. Y finalmente, ustedes, los del Eln, también son enemigos de la paz.

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