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Uelkom, con los binóculos de la transformación

Historia de un emprendedor social que después de haber sido testigo de la miseria en una comunidad sudafricana, creó una encubadora de proyectos para el desarrollo social en Colombia. Para apoyar a las poblaciones busca recursos de cooperación internacional y se financia con algunas líneas de negocio de su organización.

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Eduardo Mejía Ocampo descubrió que quería trabajar por las comunidades vulnerables colombianas al regresar de Uelkom, un pueblo surafricano que lo acogió casi un año para realizar actividades de voluntariado. Allí no vio la pobreza, vio la miseria. “Los niños comían agua con periódico porque no podían comprar sólidos. Dormían en colchones tejidos con fibra de palma, que en épocas de frío intenso, cortaban para hacer sus necesidades y los volvían a tejer”, recuerda, todavía impresionado por esa experiencia que como explica le cambió el “ship mental”.

Antes de irse y ejerciendo su profesión (Comunicación Social y Periodismo), se dedicaba a la ejecución de eventos para marcas comerciales, la realización de productos documentales, el diseño de programas para televisión y algunos cubrimientos; labores que con su llegada se convirtieron en excusas para financiar su encubadora de proyectos de desarrollo. Así nació Uelkom (nombre inspirado por el pueblo), una organización que opera para identificar problemáticas sociales de diferentes comunidades y luego solucionarlas con la búsqueda de recursos de cooperación internacional; todo bajo un esquema experimental que ha definido Mejía en compañía de su hermano Gregorio y un equipo interdisciplinar conformado por antropólogos, etnógrafos, camarógrafos y sonidistas.

El primer paso de esta labor social consiste en rastrear una zona con una problemática a través del análisis de las aplicaciones que realizan los interesados en la página web, “pero también estamos todo el tiempo con los binóculos puestos, investigando y preguntando para encontrar nuevos candidatos para proyectos”, cuenta. Luego viene el tiempo del viaje. Se desplazan hasta la comunidad para convivir con ella y empoderarla para participar en los procesos que tienen como fin encontrar las soluciones, recopilan las ideas de la gente y graban un documental que sirva como prueba para la consecución de recursos y financiación.

“Cuando dejamos la comunidad, iniciamos la redacción de proyectos con base en las exigencias de las instituciones de cooperación y tenemos en cuenta las prioridades de las personas. También editamos el documental, lo que nos sirve para entrar en la última fase”. El emprendedor afirma que su máximo interés consiste en proyectar futuros resultados en compañía del grupo con el que trabajen, porque según él, muchos programas ejecutados por organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, tienden a excluir la opinión y las necesidades reales del colectivo. En este punto vienen las reuniones, las visitas, las llamadas y la búsqueda de contactos, donde el documental y el proyecto impreso se convierten en las armas para gestionar las soluciones.

Ciénaga Grande (Magdalena), corregimiento de Nueva Venecia

César Rodríguez Ayala es un líder comunitario del corregimiento de Nueva Venecia, quien desde hace algunos meses trabaja con Uelkom para mitigar las consecuencias de una obra de infraestructura que acabó con su mayor fuente de ingresos: la pesca. “No tenemos alcantarillado, ni un buen servicio de energía, y encima, los peces se murieron porque nos taponaron las entradas de corrientes de mar a la ciénaga. Para nosotros es muy importante el respaldo que hemos encontrado en esta organización, y estamos a la espera de que todo se concrete”, explica.

El grupo vive en palafito (viviendas apoyadas en pilares sobre el agua), y como asegura Mejía, requieren de un apoyo importante para financiar algunas estrategias que les permitirían conectarse con corrientes de ríos aledaños, permitiéndoles revivir el manglar, y por supuesto, los peces. “Estamos en la última etapa, es decir, la búsqueda de presupuesto. Ya tenemos un documental donde evidenciamos toda esta problemática, y esperamos que en los próximos meses todo esté listo para ejecutar”.

Los lentes de las tejedoras de sombreros (Caldas)

Manteniendo una tradición de 150 años las mujeres de Aguadas (Caldas) no han parado de tejer sobreros. Actualmente la comunidad tiene alrededor de 700 tejedoras, entre ellas 52 que hacen parte de la Cooperativa de Sombreros Palmato, la cual contactó a Uelkom para organizar una jornada de salud visual que mejorara la calidad de producción y de vida de las artesanas.

Para Carlos Mario Muñoz, miembro de la cooperativa, la contribución de la organización social fue fundamental, “porque con su respaldo logramos examinar a 108 mujeres. De ellas, 103 necesitaban gafas y ya las tienen. En este momento estamos planeando otra jornada porque debemos esforzarnos para mantenerles su nivel de producción, y sobre todo, de salud”.

 

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