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Puro individualismo

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Argentina arrancó embalado, con aire de goleador, y terminó frenado y dejando malas sensaciones en su último partido, contra Jamaica.

Hay algo que no cuadra en ese equipo de Martino, que está lleno de nombres ilustres, donde se insinúa siempre una chequera generosa por el costo de esos apellidos, que por momentos juega bonito y espectacular, pero que cuando se le busca la almendra nunca acaba de convencer, bien porque no sabe cerrar los partidos o porque los defiende muy mal.

Argentina sigue siendo el gran candidato, pero es un equipo con notables deficiencias. Juntar a Pastore, Agüero o Higuaín, Di María y Messi debería significar, sobre el papel, el armado de una banda goleadora que juegue de memoria y se canse de llegar y crear opciones. De pronto este último cometido, estar cerca del arco adversario, lo consigue parcialmente, pero no define, no termina de apuntalar la maniobra.

No se adivinan en el equipo de Martino jugadas que indiquen trabajo estratégico, movimientos de ensamblaje colectivo. Cada cual se mueve a su aire. Los integrantes de la banda esperan que Messi invente, genere, participe y frote la lámpara para llegar al gol. Igual que en el Barcelona, pero, a diferencia del elenco azulgrana, no hay un tejido táctico y estratégico para proteger la posesión, para arrancar en las diagonales, para generar espacios y ocuparlos por los desdoblamientos. El chispazo individual, la maniobra personal, el jugar a su aire y tratar de conectar en los últimos veinte metros parece ser la guía que anima al equipo de Martino. Jugadas como el pase filtrado de Pastore a Zabaleta y el centro a media altura hacia el Kun, con su impecable remate de testa, un golazo, que le dieron la sufrida victoria ante Uruguay, son escasas. El nivel de Di María, inclusive contra Jamaica, está lejano a sus mejores momentos con el Real Madrid.

Los primeros 45 minutos frente a Paraguay son lo único superlativo que ha hecho Argentina en esta Copa. Los otros minutos lo muestran irresoluto y siempre dependiendo de la individualidad.

Donde más se nota la ausencia de una muñeca firme y aleccionadora desde el banco es en los movimientos defensivos. Ataca con los dos laterales al tiempo, obligando a Mascherano a meterse entre los centrales para dejar abiertas las bandas. Cuando los atacan masivamente carecen de repliegues, doblajes y coberturas. No se perfilan, y los centrales juegan en línea. El libreto es arcaico y mal ejecutado.

Argentina sigue siendo el candidato, pero está lejano de ser un gran equipo. Ese aire indolente en defensa y sobrador en ataque no le sienta bien a un equipo lleno de estrellas pero carente de recursos colectivos, huérfano de táctica y estrategia. Parece, y es, un equipo del Tata Martino…

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