Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
De las muchas conclusiones y los múltiples análisis que se pueden hacer del debate entre seis de los candidatos presidenciales realizado por el Canal Caracol, Caracol Radio y El Espectador hay dos de ellas que marcarán el futuro de la campaña: primero, que la confrontación entre Noemí Sanín, del Partido Conservador, y Juan Manuel Santos, del Partido de la U —las dos fuerzas bastiones de la coalición de Gobierno–, descarta una posible alianza para llegar unidos a la primera vuelta y garantizar el triunfo del uribismo, como lo pidió la semana pasada el mismo presidente Álvaro Uribe.
Y segundo, que en los 41 días que quedan de campaña seguramente el país asistirá al acrecentamiento de la polarización, con acusaciones y denuncias por todas partes, poco espacio para las propuestas y que, en criterio de algunos analistas, podría conducir a que la ciudadanía se incline radicalmente por uno de los candidatos y lo lleve a la victoria definitiva el próximo 30 de mayo, sin necesidad de segunda vuelta.
De hecho, dicha polarización o “crispación”, como lo llamó Noemí Sanín, ya se comienza a vivir por cuenta de las denuncias de la misma aspirante conservadora en el sentido de que Juan Manuel Santos le está “sonsacando” dirigentes y militantes de su partido a punta de ofrecimientos burocráticos en un futuro mandato. En el debate, Noemí habló con nombre propio: Darío Montoya, director del Sena, a quien le habrían prometido el Ministerio de Defensa por su apoyo.
Y aunque el lunes Montoya salió a los medios a desmentir tal versión y a aclarar que no es conservador, ni liberal, ni de la U, ni del Polo; que no sigue ninguna causa política y que por lo tanto nadie tiene por qué sonsacarlo de donde no está, para nadie es un secreto que desde su creación, en todos los gobiernos el Sena siempre ha sido un fortín político-electoral por su número de empleados, el presupuesto, la contratación que maneja y por el impulso alcanzado en los dos mandatos de Álvaro Uribe.
Noemí Sanín se ratificó en sus señalamientos, aseguró que el mismo Montoya le contó en una comida organizada por su hija Laura —hasta el domingo vinculada a la campaña de la candidata conservadora—, que hubo un almuerzo en casa de Augusto López, en el que estuvieron José Obdulio Gaviria y Juan Manuel Santos, quienes le habían ofrecido el Mindefensa y que no sabía qué hacer. Por cierto, este lunes en Twitter Laura Montoya escribió: “He decidido hacer harakiri virtual. Ya no soy noemista. Noemí me decepcionó y no podré seguir promoviéndola”.
Es claro también que este tipo de confrontaciones llevan a conocer las minucias y los detalles de lo que se mueve en las campañas y que no sale a la opinión pública. Por ejemplo, llama la atención que la candidata conservadora —según reveló Darío Montoya— le pidió concertarle una cita con el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria: “La doctora Noemí me llamó un día y me dijo que como yo era amigo de José Obdulio, que quería reunirse con él. Lo hicieron en mi casa y allí discutieron sus temas”.
Para el senador del Partido de la U Armando Benedetti, este tipo de encuentros Noemí-José Obdulio son la respuesta a una realidad que afronta la candidata conservadora: “Está claro que Uribe sacó hace rato de su coalición a Noemí”, enfatizó. Sin embargo, hay quienes ven también en las continuas ‘picadas de ojo’ de Noemí a Antanas Mockus la antesala de una alianza para la segunda vuelta. Al fin y al cabo ya estuvieron unidos en la campaña de 1998, la primera como candidata y el segundo como su fórmula vicepresidencial.
Así será de aquí al 30 de mayo. Cada quien desde su propia orilla hace cálculos. El objetivo es golpear a quienes marchan arriba en las encuestas (Santos y Mockus), al tiempo que los rezagados comenzarán a analizar el escenario que más convenga de cara a una segunda vuelta. Y una última cosa: ahora sí se vera de frente la estrategia de algunos de no exponerse yendo a debates y dejar que hablen los sondeos de opinión. Así es la política en Colombia.