
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El año en que falleció Ana Mercedes Hoyos estaba cumpliendo 50 años de carrera artística, a la edad de 72 años. “Es una pérdida terrible para el arte en Colombia”, dijo la directora de la Feria de Arte de Bogotá (ArtBo), María Paz Gaviria, en su momento. Su muerte significó despedirse de los colores vibrantes que marcaron su obra y de la profunda apreciación que tuvo por San Basilio de Palenque, el cual se veía reflejada en sus piezas de escultura y pintura.
La artista bogotana nacida el 29 de septiembre de 1942 tomó clases de pintura con Luciano Jaramillo, impulsada por su padre quien despertó en ella el interés por los museos y la historia del arte. Pero este interés no se limitó a los libros y las clases, su entorno familiar le permitió realizar viajes a distintos países del mundo y aprender de cada uno de ellos. Luego de estas experiencias Hoyos comenzó a estudiar su carrera universitaria en la Universidad de los Andes, donde eligió artes plásticas, para después trasladarse a la Universidad Nacional de Colombia. Sin embargo, su camino no estaba en la academia, pues se retiró de sus estudios para dedicarse a la pintura. “Me gradué en la universidad de la vida a la cual aún pertenezco”, solía decir.
Le sugerimos: El reconocimiento del otro a través del arte
Por ese entonces su obra estaba influenciada por conceptos publicitarios y el movimiento pop, reflejando temáticas arquitectónicas y de urbanismo. “Su primera serie, titulada “Vallas”, es una propuesta temática que le hace guiño al mundo contemporáneo, tecnológico, industrializado, urbano, colorido en términos andinos pero muy influenciado por la Norteamérica de la segunda mitad de los sesenta”, escribió sobre ella el Banco de la República.
La serie que la dio a conocer, a pesar de que había comenzado a exponer en 1966, fue “Ventanas” en 1969. Eran pinturas pequeñas “en las que líneas verticales, horizontales y diagonales enmarcan un nebuloso paisaje abstracto”. Con esta serie el paisaje se convirtió en su fuente primaria de inspiración, con una preocupación especial por la geometría y el cielo.Este nuevo interés dio paso a su serie “Atmósferas”, por la cual le fue otorgado el primer premio en el XXVII Salón Nacional de Artistas en el año 1978. El trabajo que ya había adelantado con “Ventanas” tomó un giro más abstracto con “Atmósferas”, hasta que pasó a ser un asunto del color.
Desde la década de los 80 las figuras tomaron preponderancia en la obra de Hoyos. Su serie “Paisajes” y posteriormente “Girasoles” abordan temas geográficos y de naturaleza muerte, peno fue hasta 1987 que comenzó a crear sus famosos bodegones. En ese año realizó la serie “Bodegones de Palenque”, con la que abrió la puerta a una larga relación con el corregimiento caribeño que se convertiría en su fuente de inspiración y al cual le dedicaría varias pinturas y esculturas. Las fotografías que ella misma tomó fueron claves para el origen de esta serie y de la temática que capturó su mente.
Podría interesarle: Cinco reyes del mundo en busca de su reino
Hubo una persona, una mujer, que cambió la percepción del arte de Ana Mercedes Hoyos. Su nombre era “Zenaida, la palenquera que mientras caminaba por la playa le dio una nueva forma de mirar el arte y buscar el equilibrio profesional y espiritual en su vida: el color y la alegría representados por el carisma de la vendedora y el platón cargado de frutas que cargaba sobre la cabeza. Esa mujer partió en dos la obra de Ana Mercedes Hoyos y a través de la pintura se convirtió en una de las imágenes emblemáticas para celebrar en 1992 el quinto centenario del Descubrimiento de América. “Cuando encontré la historia de Palenque a través de sus mujeres fue como cuando Picasso encontró las máscaras africanas en el Museo del Hombre. El platón me lleva a conocer la población y sus orígenes ligados a la historia de América, la esclavitud aberrante”. Una búsqueda entre el cubismo y el constructivismo a partir de los bodegones”, escribió Nelson Fredy Padilla en El Espectador.
Los bodegones fueron solo el inicio y con el tiempo su involucramiento con la comunidad de San Basilio de Palenque la llevó a retratar a sus mujeres y convertirlas en protagonistas de sus piezas de pintura y, hacia el final de su vida, de escultura. Más allá de frutas y figuras femeninas, Hoyos se esforzó por pintar un cuadro cercano al que vivía la comunidad en ese momento. “La artista realizó pinturas, por ejemplo, acerca de la afición de los palenqueros por el boxeo y el fútbol, sobre los juegos comunitarios y los desfiles religiosos que se llevan a cabo en esta población calurosa, polvorienta y pobre, pero que son un despliegue de tradiciones y de elegancia, según puede comprobarse en los alumnos de las escuelas que marchan, con sus uniformes impecables, al compás de tambores y sobre todo de bombos decorados con la bandera nacional y manejados por atractivas adolescentes. Y es por esta razón que los palenqueros no fueron considerados por la artista únicamente como un ejemplo connotado dentro de la diversidad cultural de la sociedad colombiana, sino como un emblema viviente de autonomía, de independencia, de rechazo a todo tipo de sometimiento”, escribió Eduardo Serrano para El Tiempo en 2014.
Durante sus últimos años de vida la artista, que realizó múltiples exhibiciones individuales y colectivas en diferentes lugares del planeta, incursionó en la escultura en bronce con unas piezas que mostraban cabezas de palenqueras envueltas en cintos de colores vibrantes. El color dio vida a sus obras, de la misma forma que su encanto por el caribe iluminaba sus ojos. Y de la mano de sus obras vino también una faceta en la que no solo mostró a la comunidad de la localidad caribeña, también se empeñó en trabajar por y con ellos. Es por eso que en una entrevista afirmó que: “lo único que tienes cuando decides ser artista es una responsabilidad con uno mismo y un compromiso con la sociedad”.
Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖