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Muchos de ustedes se preguntan dónde está el poder de seducción de la Copa América. La respuesta no es complicada ni hay necesidad de rebuscarla.
Siempre se dijo, y es cierto, que el talento del futbolista suramericano es una fijación en los equipos europeos. No solamente en los grandes, sino en formaciones de menores pretensiones. El poder económico, o sólo el valor del euro, alcanza para desmontar nuestros equipos. Sorprende observar cómo una selección, la venezolana, que lleva sólo cuatro partidos ganados en la historia de la Copa, cuenta con unos quince jugadores comprometidos fuera de sus límites geográficos.
Si eso ocurre con el fútbol de los vecinos, qué podemos decir del resto. Los de Argentina tienen sus tres arqueros inscritos y trabajando por fuera. Uno en México y dos en Italia. Así como en el caso de nuestra selección, todos los de la línea titular juegan afuera. Es más, sólo dos jugadores de la lista oficial, Camilo Vargas y Cristian Bonilla, trabajan como arqueros en nuestro campeonato. Por eso el roce entre todos los jugadores de esta copa es internacional. No se esperan jugadores revelación ni sorpresas. Todos sabemos y saben quiénes van al terreno de juego, cómo se mueven los rivales. Los movimientos de Messi, Neymar, James, Roque Santacruz y Cavani, por citar unos pocos, están registrados. O en videos, o en la simple memoria, y de allí algunos movimientos en la cancha resulten previsibles.
Disponemos de la élite futbolística de Suramérica, trasplantada a Europa y Asia, y confiamos en disfrutar de una competencia de genuinos valores del fútbol, con jugadores consagrados y ganadores en sus vidas profesionales.