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Las necesidades agobiaban, el rebusque en las calles era demasiado competido, las autoridades restringían cada vez más el trabajo en el espacio público, ya ni había tiempo ni mucho menos ánimos y energías para entrenar, y no faltaban los días en que llegaba a casa sin una moneda en los bolsillos.
Y justo cuando a Luis Fernando Copete lo acorraló por completo la desesperación, surgió antes que una propuesta la tentación que la urgencia convirtió en única alternativa… “Un familiar me dijo que conocía a alguien que arreglaba papeles y que si me bajaba unos años, podía probar suerte en el fútbol”.
Ese fue el génesis de una equivocación que meses después se convirtió en castigo para un equipo que perdió en el escritorio lo que ganó en la cancha y, de paso, en el apocalipsis de una carrera. “No es por excusarme, porque como se los dije a los directivos de La Equidad, acepto mi error, pero la difícil situación de mi familia me obligó a alterar los papeles y todo lo hice por plata”, explica el chocoano quien en enero de 2008 se presentó en Bogotá con un registro civil falso.
Nacido en Istmina el 12 de febrero de 1989, y no en el 91 como aparecía en el documento adulterado, Copete admite que “al principio tenía miedo de que se descubriera todo, pero como pasé la prueba y nadie dijo nada durante el año pasado, quedé tranquilo y me dediqué a entrenar y buscar una oportunidad”.
La tuvo contra el Cali en la victoria a domicilio 3-2 en el Pascual y esos 19 minutos que significaron su debut fueron con el paso de las horas en su despedida porque una vez el club azucarero demandó el juego al no cumplir los aseguradores con la norma Sub 18, tuvo que aceptar la equivocación “ante los directivos porque no tenía cara ni tiempo de disculparme con mis compañeros y el ‘profe’ Alexis (García)”.
Al cancelársele el contrato por el salario mínimo que había firmado a comienzos de año, “el martes en la noche cogí un bus para Palmira”, donde lo esperaba otra mala noticia: su madre estaba en cama al haber sido atropellada por una moto.
Abrazado a ella, se enteró de la sanción que la Comisión Disciplinaria de la Dimayor le impuso y aunque acepta que se “le acabó el fútbol, porque año y medio sin jugar es mucho tiempo”, se pregunta de “dónde voy a sacar casi 20 millones, si ahora debo buscar trabajo como sea para sobrevivir”.
“Así tenga que vender otra vez pescado en la calle para ayudarles a mi mamá y a mis hermanas (una de 16 años que acaba de ser madre y otra de 13 que estudia), lo voy a hacer”, promete Copete, para quien el fútbol fue una ilusión y desde hace algunos días la pesadilla que él mismo propició y de la cual espera despertar lo antes posible.